LA VEJEZ, UNA BELLA ETAPA DE LA VIDA
Carlos Sforza en el periódico digital “El Diario” de Argentina realiza una serie de consideraciones sobre esta etapa de la vida del hombre a partir del libro de la escritora y periodista italiana Oriana Fallacci, editado recientemente. Vivimos en una época, en un mundo, en el que parece que todo se vive conforme al presente. De allí que, en la globalización y los requerimientos de ese universo, pareciera que la condición sine qua non para cubrir puestos, vacantes, ocupar lugares laborales y empresariales, se piense y se llame a jóvenes de una edad que va, como techo, entre los treinta y cuarenta años. Ese trastrocamiento de valores, esa discriminación de edades, cubre una amplia gama de sitios y lugares. Es como si hubiese un menosprecio de la edad adulta y, claro, una minivaluación de la tercera edad. O cuarta edad. O como se la quiera denominar.
En algunas épocas de la historia, los denominados ancianos, eran los que dictaminaban y daban consejo. Eran los que constituían la parte sabia de las comunidades. Se diría, hoy, con los apuros de vivir el presente y no mirar a largo plazo, que eso es cosa pasada. Se diría, quizá, que los tiempos cambian y no es igual el hoy que el ayer. También se dirá que lo que manda en este nuestro siglo 21 es lo que dictamina la generación joven. Eso y muchas otras cosas, sin dudas, se dirán. O se podrían decir.
Oriana Fallaci, la periodista italiana, controvertida y siempre frontal, acaba de publicar un libro que según se lo califica es una autoentrevista: El apocalipsis. En ese libro, ella, que ha llegado a una edad bastante entrada en años, que sufre de cáncer, hace reflexiones que conviene tener en cuenta en estos tiempos de apresuramiento, de búsqueda de salidas fáciles. Fallaci es una mujer que ha sufrido mucho en su vida. Que abrazó la labor periodística desde joven. Que fue corresponsal de guerra y muchas veces le gambeteó a la muerte. Estuvo en Vietnam, en Camboya, en Bangladesh, en Jordania, en el Líbano. Y sintió la cercanía de la muerte. Se puede o no estar de acuerdo con el pensamiento que sobre hechos, personas y situaciones tiene Fallaci. Pero no se puede desconocer su valentía y su actitud frontal, que siempre ha sido su bandera y marca su accionar.
Fallaci no anda con vueltas ni con tapujos. Por eso en esa autoentrevista que constituye el libro, ante la pregunta “¿Qué le pasa? ¿Se siente mal otra vez?”, responde: “No. No. Sólo un poco. Quizás esté un poco cansada. Quizá el Otro, que se defiende de mis anticuerpos. O quizá sea la vejez que avanza. Pero me gusta la vejez. Me divierte. Son tontos los que la rechazan y para rechazarla se hacen liftings, se visten de veinteañeros y mienten sobre su edad. Tontos e ingratos. Se lo dije incluso a los dos amigos (…) los invité a cenar, y en un momento determinado les dije que la vejez es una bellísima edad. La edad de oro de la Vida. No tanto porque la alternativa sea morir sin conocer el lujo de aquel privilegio, sino porque es la época de la Libertad”.
Pensemos en lo que acaba de decir Oriana Fallaci: no niega su vejez, no niega su enfermedad, sólo sabe a esta altura que sus años, no disimulados, no negados, simple y sencillamente asumidos, la llevan a la libertad (que ella escribe con mayúscula).
Además la vejez es bellísima porque de viejos se comprende lo que de jóvenes —e incluso de adultos— no se había entendido. “Porque con las experiencias, las informaciones, los razonamientos que hemos acumulado, todo se clarifica. Mucho más claro. Algunos llaman a esto sabiduría. Y si soy sabia no lo sé. Lo que sí sé es que gracias a las experiencias, a las informaciones, a los razonamientos, mi cerebro ha mejorado como un buen vino tinto (…)”. Es sin dudas el elogio de la vejez. De esa edad tan menospreciada y tan relegada al desván de los trastos viejos, por muchos seudos pensadores, seudos dirigentes, seudos políticos de estos tiempos de comienzos del nuevo milenio.
Es indudable que la periodista italiana, llegada a una edad avanzada, lúcida en el pensamiento, ha arribado a un puerto en el que se libra de las ataduras que pueden coartar su libertad y, libre de amarras, no busca el futuro sino que vive el futuro. Ha llegado a un punto en el que puede sentir con toda la sabiduría de sus estudios, andanzas, informaciones, experiencias, lo que antes eran dudas, incertidumbres, búsquedas. Ya no. Porque los años le han dado la sabiduría de estar en un punto en el que la vida llega a su plenitud y está pronta a enfrentar a la muerte. Aunque, como lo dice, nacimos para vivir, por eso le disgusta morir.
Pero hay una realidad ineludible, hay en nuestra vida una certeza única: la muerte nace junto a nosotros y un día debemos morir. No le echemos la culpa a otros o al Otro, como diría Fallaci. Es el estigma que heredamos desde que nacemos. Y hay que afrontarlo. Cuando, al cabo de los años, se llega a cierta altura de la vida, como sucede con Oriana Fallaci, esa realidad no debe preocupar. Porque así podremos sobrevivir al penoso trance que es una realidad que nos acompaña como nos acompaña nuestra propia sombra.
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Octubre 20th, 2008 at 11:27 pm
en los otros comentarios han hecho orrores de ortografia.para mi todo lo que hay aqui no sirve de nada solo hablan cosas incoherentes,hola un saludo para laura,alexandra y melissa
Octubre 24th, 2008 at 12:10 am
Señorita Karla María, le voy a detallar sus faltas ortográficas:
maria, se escribe con tilde en la i : María
ortografia, se esribe con tilde en la i : ortografía
aqui, se escribe con tilde en la i : aquí
solo, en este caso se refiere a solamente, se escribe : sólo
y la más grave: orrores se escribe … ¡¡¡con hache!!!
Así señorita, por favor, acuda rápidamente a una escuela para aprender un poquito de gramática antes de criticar a nadie.
Gracias y un saludo.
Mayo 15th, 2009 at 11:47 pm
hola amigos queria dejar este comentario porque me parace muy agradable que al llegar a ser adultos mayores sigamos pensabdo como jovenes y que siga la vida…….¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡