ACEPTAR LA VEJEZ COMO ALGO NATURAL Y NO CON TEMOR

PARA la sociedad actual, la vejez es un estado humano improductivo y por tanto sin rentabilidad, un gravamen pesado para los presupuestos de los gobiernos, una carga para las familias, incluso afea y molesta a la estética joven que se ha entronizado en esta sociedad y que promociona el bello rostro del joven Sigfrido como símbolo mayestático del triunfador. La vejez introduce un elemento de radicalidad existencial, es un territorio donde, por fin, se encuentra la patria añorada o tal vez se pierda para siempre, pues en cierta manera la vejez introduce al hombre en un limbo intemporal. Ignoramos y despreciamos la vejez indigente en un acto que, más que de soberbia, es de inutilidad, pues la vejez es la realidad diferida de todos. Somos realmente viejos cuando negamos la realidad creyendo absurdamente que dándole la espalda a la vejez, alejándonos de ella, nunca nos alcanzará. Ese miedo antinatural a envejecer es ya pura senilidad. La vejez es el miedo a la vejez.

La vejez nunca es prematura, siempre es madura, llega en su tiempo de sazón por muy joven que incluso fuera su damnificado. Envejecer siglos en apenas instantes cuando llega a entreverse lo que el futuro próximo anuncia ya con descaro. El humano nunca sabe a ciencia cierta en qué momento de su vida sufrirá una inflación de vejez, pero lo intuye, pues el corazón no nos engaña aunque la mente lo haga permanentemente con sus mil máscaras. Procurar la máxima comodidad del anciano y su integración y utilidad social es un supremo acto de civilización, la inteligencia del hombre consiste en hacer agradable la vida de su mayor, pues el consejo del anciano mantendrá viva a la especie.

La esperanza de vida no constituye una fría estadística de años, no es una inútil batalla contra los estragos del tiempo, tal vez sencillamente sea un disolverse en puro tiempo. La esperanza de vida es precisamente llenar con vida el espacio vacío del tiempo, sofocar el ansia de vivir sin abandonarse al abrazo tramposo de la esperanza inerme. Kazantzaki decía: «El hombre debe obrar como si fuera inmortal». Lo que el griego no decía es que la mortalidad es lo más destacable en el hombre; los dioses nos son ajenos por su inmortalidad, tan ilógica como inhumana.

[Fuente: nortecastilla.es]

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Hay 3 comentarios. »

  1. Una Espa񡠥nvejecida

    La otra realidad

  2. […] A pesar de que la vejez es una etapa tan natural en nuestras vidas, en términos económicos se dice que es una carga social. Al respecto, en un artículo titulado “Aceptar la vejez como algo natural y no con temor” José Luis Jordana Laguna dice: Para la sociedad actual, la vejez es un estado humano improductivo y por tanto sin rentabilidad, un gravamen pesado para los presupuestos de los gobiernos, una carga para las familias (…) […]

  3. Me gustaria que alguien me dijera como escapar a la idea que la sociedad nos instala en el cerebro, de que debo hacer LO QUE SEA para no parecer viejo. Debe teñirme las canas, bajar la barriga, alisar mis arrugas, quitar mis manchas…parecer simpre joven!
    Tengo 36 años y me estoy haciendo viejo (claro!). Quiero estar en armonia con mi aspecto TODA MI VIDA, y no solo cuando era joven. Quiero verme al espejo a todas luces a todas las edades, y no esconder o pagar para que me escondan el signo del paso de tiempo. Evidentemente, eso es algo que debe salir de mi alma y mi espíritu, no de mi físico…asi que: alguien tiene alguna idea??

    Un saludo.

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