EN VIZCAYA, COMO EN EL RESTO DE ESPAÑA, A LA MAYORÍA DE LOS ANCIANOS LES CUIDAN SUS MUJERES Y SUS HIJAS. LA PREGUNTA ES ¿Y A ELLAS QUIÉN LES CUIDA?

Más de 12.000 personas mayores viven en casa cuidados por sus familiares. Las hijas asumen esta responsabilidad en el 80% de los casos y los esfuerzos físicos y psíquicos que realizan repercuten en su salud.
Ayudar a alguien a levantarse, lavarse, vestirse, comer… En definitiva, convertirse de la noche a la mañana en enfermeros sin título oficial. Este es el trabajo que realizan más de 30.000 personas en Euskadi -unas 12.500 en Vizcaya- cuando se dedican a cuidar a sus mayores, en muchos casos debilitados por la enfermedad. Nadie les ha preguntado ni enseñado nada. Su labor es voluntaria. El capítulo de dificultades, añadido. Los casos pueden ser variados. No obstante, tanto el perfil de los cuidadores como el de aquellos que requieren de una mayor atención se ha mantenido constante a lo largo de los años. El 60% de las personas mayores de 65 años que tienen problemas a la hora de llevar a cabo actividades básicas de la vida diaria son mujeres, un porcentaje que se incrementa hasta el 75% cuando la franja de edad supera los 85.

En cuanto a las características del descendiente encargado de sus cuidados, las hijas son, con más de un 80%, las que por regla general desempeñan este papel. Sobre todo si son solteras, sin compromiso y viven todavía en el domicilio familiar. El segundo puesto sigue estando ocupado por mujeres, lo que cambia son las cargas y posibilidades con las que cuentan. Una de ellas, la capacidad para trasladar al progenitor a su domicilio. Sólo después, se plantea la opción del hijo como cuidador. «Hay mujeres que se pasan la vida así. Los hombres no cogen el relevo y, a raíz de eso, es cuando aparecen las contrataciones externas», reconoce la directora de Médicos de Bizkaia, Begoña de Pablos. «Pero, el dinero público es muy limitado -sólo el 6,5% se valen de los recursos sociales- y no todos pueden permitirse ciertas ayudas privadas. Al final, la propia sociedad asume que es la familia la que debe desempeñar este papel», añade. El problema está en que, en muchas ocasiones, los cuidadores son los grandes olvidados de este proceso.

El esfuerzo físico y psíquico que implica es importante. Según Angel Padierna, psiquiatra del Hospital de Galdakao, a repercusiones en la salud como «desgaste emocional, óseo, alteración del sueño y ansiedad» se unen la falta de oportunidades y de recursos. Sus responsabilidades en casa les impiden desarrollarse plenamente en su trabajo y a veces, les empujan a vivir con la pensión de las personas a las que atienden, cuya media no alcanza los 600 euros. Sin olvidar el hecho de que, a diferencia del optimismo que se puede derivar del cuidado de un niño enfermo, «el hecho de que una persona mayor no suela mejorar, sino todo lo contrario, puede provocarles una depresión», explica la especialista. El Colegio de Médicos aconseja evitar ese aislamiento que se suele producir cuando una persona se enfrenta por primera vez a este tipo de situaciones y pedir ayuda a las unidades sociales de base -generalmente a cargo de los ayuntamientos- a una residencia de referencia o a equipos de atención social multidisciplinar en cuanto surja la más mínima duda o se detecte un primer síntoma de desgaste. «Es necesario pensar en que uno no es el responsable único del cuidado de esa persona, aún sin eludir su responsabilidad, y entender que hay unas limitaciones laborales y familiares que no se pueden desatender», consideran.

[Fuente: elcorreodigital.com]

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