LAS PERSONAS MAYORES, ANCIANOS Y VIEJOS EN SITUACIÓN DE DEPENDENCIA CRECERA DE FORMA ALARMANTE EN LOS PRÓXIMOS AÑOS
La Ley de promoción de la Autonomía Personal va a suponer un avance sustancial en la calidad de vida de las personas en situación de dependencia y de sus familias. La trayectoria y la experiencia de Antonio Jiménez Lara, experto en Sociología de la Discapacidad, es dilatada y han sido numerosas sus publicaciones e intervenciones sobre la materia en los últimos tiempos. Hace casi tres años, la Fundación AstraZéneca reunió a un grupo de expertos sobre dependencia, lo que supuso el origen del “Libro Verde” sobre esta temática. Antonio Jiménez participó activamente en la redacción de esta publicación en la que colaboró como autor de uno de los capítulos titulado “Perfiles de dependencia de la población española y necesidades de cuidados de larga duración”. Jiménez ha querido contestar algunas preguntas para azprensa.com, sobre el estado actual de las personas dependientes en España.
¿Cuál es el perfil actual de la persona dependiente? ¿Cambiará en los próximos años? Aunque las situaciones de dependencia están presentes en todos los grupos de nuestra población, su incidencia aumenta de forma significativa con la edad, sobre todo a partir de los ochenta años, y eso se traduce en que la mayoría de las personas dependientes tengan edades bastante avanzadas. En cuanto al sexo, la mayoría de las personas dependientes son mujeres (debido, sobre todo, a su mayor longevidad). La proporción de personas dependientes es mayor en las zonas rurales, que cuentan con una población más envejecida, aunque en términos absolutos, la mayoría de las personas dependientes viven en zonas urbanas. Por Comunidades Autónomas, los mayores índices de dependencia se dan en Extremadura, el Principado de Asturias, Galicia, Castilla-La Mancha y Andalucía, y los menores en Madrid, Canarias y el País Vasco.
En los próximos años se incrementará de forma muy importante el número de personas dependientes de edad avanzada, debido al proceso de envejecimiento que está experimentando nuestra población. También aumentará el número de personas dependientes jóvenes a consecuencia de accidentes de tráfico, laborales, domésticos y de ocio, no tanto porque se prevea un incremento del número o de la gravedad de estos accidentes, sino porque cada vez es mayor la supervivencia de los afectados, gracias a los mejores dispositivos sanitarios y de emergencias. En el “Libro Verde de la Dependencia”, señala que en los últimos años se han producido cambios fundamentales en la figura del cuidador que, en su inmensa mayoría, son mujeres. ¿Cómo cree que está afectando en la actualidad el cambio del rol femenino de cara a atender a las personas dependientes? ¿Se acentuará más esta tendencia en un futuro tiempo?
Ante la falta de un auténtico sistema público de atención de las situaciones de dependencia, las familias se han visto obligadas a asumir la carga de cuidados que supone el incremento en el número de personas dependientes. Estas cargas recaen fundamentalmente en las mujeres de las generaciones intermedias, y entran en contradicción directa con las demandas derivadas del cambio que se está produciendo en el rol social de las mujeres, que se están incorporando de manera muy activa al mundo del trabajo retribuido y al conjunto de las instituciones sociales. Los cambios en el modelo de familia y la incorporación progresiva de la mujer al mercado de trabajo están haciendo disminuir sensiblemente la capacidad de prestación de cuidados informales, haciendo que el modelo de apoyo informal, que ya ha empezado a hacer crisis, sea insostenible a medio plazo.
También en el “Libro Verde”, usted señala la elevada implicación familiar en el cuidado de la persona dependiente. En su opinión, ¿cuál puede ser la mejor opción: la familia o alguien ajeno a ella para el cuidado de estas personas? Lo deseable es que haya una auténtica posibilidad de optar. Hasta ahora, en muchos casos, la opción por el cuidado familiar no ha respondido a una elección libre, sino a la inexistencia (o a la imposibilidad de afrontar el coste) de servicios profesionalizados. Por otra parte, una mayor disponibilidad de servicios profesionales (como, por ejemplo, Ayuda a Domicilio o Centros de Día) no tiene por qué traducirse en que la familia abandone su función cuidadora, pues tendrá que seguir asumiendo una parte importante de los cuidados. Lo que sí se producirá es un balance más equilibrado, que beneficiará sobre todo a las mujeres, que siguen siendo quienes se ocupan de las tareas domésticas y de las responsabilidades familiares, bien como actividad exclusiva, bien como extensión de la jornada laboral extradoméstica, y son quienes generalmente se responsabilizan de la prestación de cuidados a familiares enfermos, discapacitados y ancianos. En ese sentido, la opción por priorizar los servicios respetando la libertad de elección que se anuncia que adoptará la futura Ley de promoción de la Autonomía Personal y de atención de las situaciones de Dependencia, me parece muy positiva.
Todos los estudios pronostican un gran incremento en el número de personas dependientes para las próximas décadas. ¿Qué razones pueden explicarlo? El número de personas dependientes se ha venido incrementando de forma notable en los últimos años y va a seguir aumentando a un fuerte ritmo durante las próximas décadas, como consecuencia de la combinación de factores de carácter demográfico, médico y social, entre los que destacan el envejecimiento de la población, las mayores tasas de supervivencia de las personas afectadas por alteraciones congénitas, enfermedades y accidentes graves, y la creciente incidencia de los accidentes laborales y de tráfico. Es importante destacar que, aunque el envejecimiento de la población incrementa el número absoluto de personas dependientes, una mayor longevidad de la población no se traduce necesariamente en un aumento de la cantidad de años que las personas viven en situación de dependencia, ni tiene por qué suponer un incremento de la prevalencia de la dependencia en cada grupo de edad. De hecho, y aunque los resultados de investigación no son concluyentes, las evidencias empíricas parecen avalar que, en las últimas décadas, se ha venido produciendo un descenso sostenido en los porcentajes específicos por edad, de personas con problemas de autonomía personal.
[Fuente: azprensa.com]
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