Ejemplo: jubilados activos en Ecuador

En Ecuador 1 200 adultos mayores colaboran con 40 instituciones. Matilde Lozano, a sus 74 años y con un problema en la cadera que le produce un vaivén al caminar, no se cansa. Al menos una vez por semana, sube y baja los ocho pisos del Hospital Enrique Garcés, en Chilibulo, al sur. Recorre Emergencias, Obstetricia, Cirugía, Traumatología, Infectología… “Su esposo saldrá adelante. No se desespere. Vamos a pedirle a Dios por él”, repite a Carmen Pruna, de su misma edad, quien quiere que su compañero se recupere del asma bronquial que lo ataca desde hace diez años. La señora encuentra a “doña Mati” en el elevador, aprovecha para enseñarle una receta y le dice que necesita ayuda económica otra vez. Antes le dieron cinco dólares para un fármaco de 12. Son 15 voluntarias del Hospital del Sur, cuatro adultas mayores, que organizan tés, juegos y rifas. Preparan platos típicos los viernes y administran un bar para reunir fondos. En casos graves aportar hasta 30 dólares por paciente. Cuando llega a Infectología, María Chicaiza la recibe cálidamente. Es la auxiliar de enfermería y conoce de la labor de Matilde como parte del grupo de voluntarias, que existe desde 1997. “Nuestros pacientes se aíslan, no quieren contacto con las personas. Pero sí requieren ayuda, las señoras les entregan pañales, mascarillas y otras cosas”, indica. En otro piso, Macarena Cadena, la hija de don Julio ( 67), reconoce a la mujer y también le solicita que le dé una mano. “Tiene hígado hepático y parece que se trata de cirrosis. No tenemos dinero”. Es el día a día de Matilde Lozano, pero también de Inés Melo, de 69 años. Ambas, como sus otras compañeras, coinciden en que su labor no se reduce a brindar el tiempo que les sobra. No se sumaron al grupo para disipar sus penas o desahogarse. “Compartimos nuestro tiempo, caminamos con el dolor y las necesidades de todos los pacientes”, reflexionan. Matilde cuenta que al jubilarse como jefa de la ex Enprovit, luego de 27 años de trabajo, se sentía inútil. “Dios mío, ¿qué haré encerrada en la casa?”, se preguntaba. Entonces su amiga, Raquel Gallardo, la invitó a unirse al voluntariado del padre José Carollo. “Al principio me afectaba todo. Visitaba a un paciente y lloraba junto a él por su desgracia. Un día el padre Carollo me increpó diciéndome que no estaba haciendo ninguna obra, que debía transmitirles tranquilidad, no sufrir con ellos”, señala doña Matilde.

Esa es la premisa de 2 500 voluntarias, 1 200 de la tercera edad en Quito y unas 4 000 en el país, según Mabel de Terán, coordinadora del Secretariado General de Servicio Voluntario, que funciona desde hace 37 años. El organismo tiene 40 instituciones filiales en el país, aunque hay otras agrupaciones. “Nos hace falta aprender a envejecer. Esta es una alternativa para quienes se jubilan y se sienten mal porque no saben qué será del resto de sus vidas. Se quedan sólos y desprotegidos”, señala Mabel de Terán.

La gente envejece como un proceso natural. Todo lo ocurrido en los años anteriores determina cómo se llegará a la tercera edad. Los adultos mayores pueden estar sanos, con su salud deteriorada y hasta moribundos a los 65 u 80, según hayan llevado su vida. Buena parte de este tipo de personas se siente frágil, deprimida, inapetente por diversos factores como la viudez o la jubilación. También porque han perdido la capacidad de manejarse con independencia y necesitan de la ayuda de alguien para moverse. Ser parte de un grupo de voluntariado es una especie de terapia emocional y sicológica. Esta clase de actividades les hace sentirse útiles, no marginados, satisfechos de servir a otros, aunque ya no tengan otras actividades obligatorias que cumplir. Lo graves de esto es que la gente no sabe cómo llegar a la vejez.

[Fuente: elcomercio.com*

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One Response to “Ejemplo: jubilados activos en Ecuador”

  1. 1
    Fernando Fernández Says:

    Maravilloso el dar oportunidades a los jubilados como yo
    Atentamente.
    Fernando fernández

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