Aceptar el propio envejecimiento es fuente de salud física y mental

El envejecimiento es un proceso natural de la vida que a veces se niega y se resiente. Para reconocer que estamos envejeciendo hace falta mucho valor y entereza. Al entrar en negación se comienza a actuar en disonancia con lo que somos y lo que pretendemos ser. Tenemos una edad física y otra edad mental. Físicamente el cuerpo se va deteriorando, pero mentalmente estamos renuentes a envejecer y pensamos que estamos más jóvenes de lo que somos en realidad.
Es un deseo natural querer mantenerse joven. Sin embargo, el apego al cuerpo y a la juventud es lo que ocasiona dolor y sufrimiento. Al envejecer conscientemente profundizamos en lo que realmente somos. La motivación correcta viene por ver las cosas de una forma diferente.
Uno de los regalos que nos trae la edad es poder ver las cosas desde otro punto de vista. Aprendemos a mirar hacia nuestro interior, tomando responsabilidad de nuestras acciones y de lo que es nuestra vida en estos momentos. Reconocemos que tenemos unas cualidades que pesan más que nuestra apariencia física. Con la edad somos más generosos y compasivos, más tolerantes, lo cual nos ayuda a estar en paz con nosotros mismos. Estamos más conscientes del proceso de la vida y la muerte, lo que nos ayuda a soltar el miedo a dejar el cuerpo. Cuando soltamos el apego al cuerpo y a la juventud asimilamos el verdadero significado de la vida y sabemos vivir con un propósito. Estamos abiertos y receptivos al cambio, con una actitud de curiosidad y entusiasmo por la salud y la vitalidad en las etapas que nos quedan por vivir.
Sabemos que podemos dar a la sociedad nuestra experiencia, sabiduría y amor. Siempre encontramos un nuevo significado a las cosas, tomamos riesgos calculados y sabemos que aún en tiempos difíciles podemos despertar a una nueva visión. Los regalos de la edad nos ayudan a reconocer que según cambiamos algo muy profundo permanece igual. Permanece nuestra honestidad, nuestros valores y la satisfacción de haber vivido. Cuando llegamos a términos con nuestra edad trabajamos para mantenernos saludables y jóvenes, no por vanidad ni apego a la juventud, sino para conservar en óptimo estado el templo en el que habita nuestra conciencia y tener una mejor calidad de vida.

[Fuente: endi.com]

4 Responses to “Aceptar el propio envejecimiento es fuente de salud física y mental”

  1. 1
    Jorge Enrique durán Castillo Says:

    Si nos empeñamos en no aceptar nuestra realidad a medida que van pasando los años, entraremos en conflicto psicológico con nosotros mismos y con los demas… pues muchas veces congelamos nuestra vida -a los 50, 60 o más años-, ocacionándonos un desequilibrio y desordenes: mental, social, familiar, laboral.
    Tomemonos el tiempo para reflexionar y reconocernos no nuevas personas pero si diferentes. Si evaluas tu vejez con parámetros humanos de belleza, exito y poder siempre llevarás las de perder.
    Si evaluas tu vejez como el guerrero y batallador que fuiste, con tus limitaciones, enfermedades, aciertos y desaciertos, veras con seguridad que cambiaste tu realidad y que hoy eres una mejor persona; Quizá dejas en el mundo tu semilla: tu hijo(os). No te aflijas ni te carges con lo que hiciste mal, -Nadie nació aprendido-. Acepta de una vez por todas que has recorrido un buen tramo del camino y que tarde o temprano se acercará el final. Retornaras a los brazos de tu creador en una nueva dimensión espiritual -por toda una eternidad-, tu hermoso, fuerte o enfermizo cuerpo cual vasija fragil de barro retornará nuevamente a la tierra de donde fue sacado…Cumpliendose así­ el ciclo natural de la vida: nacer crecer, envejecer y morir.

  2. 2
    sandra Says:

    leí­ el artí­culo de aceptar envejecer yo tengo 47 años una hija de 19 (en su mundo) un hijo de 8 me siento vieja para tener un hijo de esta edad y un marido que se encargó de hacerme sentir vieja con muchos menos años de lo que tengo, hoy me siento vací­a le perdí­ el sentido a la vida, me deprimo y cuando pienso que lo que me queda es ver como voy envejeciendo y las consecuencias que ello trae me deprimo aún más, que hago ? no es facil

  3. 3
    johana garcia Says:

    te entiendo tengo 44 y me siento exactamente igual es horrible, cuando no disfrutas tu vida miras atras y mas fuerte y malo cuando miras adelante. No tienes amigos conquien compartir solo una casa hijos que los queremos y amamos y un marido que nunca te tomo en cuenta y por ciertas cosas muy de uno y al estar solas te tiernes que quedar ahi. No creo en que envejeser le guste a alguien solo a personas que han sido afortunadas desde su nacimiento. economica un hogar funcional y fisicamente hermosos desde pequenos.

  4. 4
    Carmen Pacheco Says:

    Voy a cumplir 65 y mi espíritu continua con esa fogosidad de veinte años atrás. Hay momentos, en que me miro al espejo y no reconozco a esa señora de cabellos blancos, que me mira, como si buscara a alguien. Me gusta escribir y me distrae pero solo por un momento, luego que la musa se va, regresa mi inquietud interna. Me refugie en Dios y me ha ayudado bastante, ya no mantengo esos eternos monólogos que mantenía conmigo. No existe un esposo, solo el recuerdo de los que pasaron por mi vida y dejaron esa sensación de soledad, como cuando estaban presentes. Los hijos, gracias a Dios los tengo, siempre muy pendientes de mi pero cada uno por su lado, “Ley de Vida” ellos tienen que hacer sus vidas y es cuando se llena esa casa de un silencio, que me aturden los oídos. Amigos, siempre he sido una persona de muy pocas amistades, siempre muy selectivas. No porque tenga alguna preferencia en especial, sino que no es fácil conseguir a otra que piense o se asemeje a uno. Salgo y visito los hijos, los nietos pero al regresar vuelvo a encontrarme a mi amiga Soledad. Envejecer no es fácil, no nos enseñan cómo hacerlo o aceptarlo. Siempre se nos dice, que debemos pensar en el futuro y que el más fuerte es el que vivirá mejor pero nunca entendemos que debemos ir dejando pasar la juventud para aceptar que luego vendrán los años “dorados”, como acostumbran a llamarlos. En estos momentos es cuando necesitamos tener con quién hablar de lo que nos asusta o inqieta. Ya no somos unos niños pero empezamos a necesitar de una mano que nos ayude a entender que todo ésto es normal y que cómo pasamos la pubertad, así mismo tenemos que disfrutar y aprender de nuestra vejez. Saludos y fue un placer compartir, con ustedes.

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