Los abuelos españoles ejercen de “canguros”
Uno de cada diez abuelos españoles cuida de sus nietos todos los días Un estudio de la Universitat de Barcelona señala que el colectivo asume su rol con naturalidad y que se declara encantado de hacerlo. A las siete de la mañana llega Pau, de veinte meses, y a las ocho, Roc, de cuatro y medio. Empiezan los biberones, el cambio de pañales, los juegos, las risas y los llantos. La tranquilidad de esta casa de Valls ha desaparecido completamente. Como el 10% de los abuelos del Estado, Fina Fontanillas, de 56 años, cuida a sus dos nietos a diario. Y asegura que lo hace encantada aunque explica que ha significado dejar de lado muchas actividades que realizaba anteriormente. «Es un cambio total de vida», afirma.
«Es un poco agobiante a veces porque ves mucho trabajo que sabes que no podrás hacer», explica esta abuela que no se ha apartado del mundo laboral, porque tiene negocio propio, pero que ha reducido drásticamente la dedicación a su tienda de pieles. «Me han jubilado antes de hora y este verano no he tenido vacaciones», bromea. Sin embargo, Fontanillas afronta el cambio totalmente satisfecha.
Precisamente, esta satisfacción es uno de los descubrimientos que más ha sorprendido al grupo de investigación sobre gerontología de la Universitat de Barcelona (UB), que ha estudiado a fondo a 20 abuelas que dedican más de doce horas semanales a cuidar de sus nietos. Igual que Fina Fontanillas, todas se mostraron felices y desmintieron la imagen de sobrecarga doméstica y de agotamiento físico y emocional. Ni rastro del síndrome de la abuela-esclava. «No sólo asumen su rol con naturalidad, sino que se declaran encantadas de hacerlo», señala el estudio.
Carmen Triadó, catedrática de Psicología Evolutiva, añade que los motivos de satisfacción de las abuelas son diversos, desde el amor a sus nietos (cinco de la abuelas del estudio cuidaban a uno, nueve a dos, tres a tres y otras tres a cuatro) hasta la posibilidad de «sentirse activas», pasando por «tener compañía» en el caso de las viudas. Dos tercios asumieron su rol cuidador debido al trabajo de sus hijas, pero lo hicieron «como algo natural», unas veces por «responsabilidad hacia sus hijos» y otras porque «la alternativa sería demasiado cara» tanto en el plano personal y económico. Entre los argumentos que les salieron del alma estaba el de «cómo voy a quedarme tranquila si se tienen que gastar la mitad del sueldo en la guardería», e incluso tres se habrían sentido decepcionadas si no les hubieran pedido cuidarlos.
Desde hace décadas, el respaldo de los abuelos es el cimiento clave de la incorporación femenina al mercado laboral. Un 60 por ciento de ellos cuida de sus nietos al menos un día por semana.
Constanza Tobío, socióloga de la Universidad Carlos III de Madrid completa el retrato con un perfil de los ocho millones de abuelos y el millón de bisabuelos que se convierten en un recurso para conciliar la vida familiar y laboral. Explica que quien más ayuda a la mujer trabajadora es la abuela materna (27%) por delante incluso de la pareja (25%) y con un respaldo significativo de otros miembros de la familia (10%), que supera al 9% de la ayuda a domicilio remunerada. En caso de problemas, sobretodo enfermedades de los hijos y vacaciones escolares, otra vez los abuelos dan la talla y resuelven la mitad de tales dificultades. Aunque eso no libera a la madre de llevarse la peor parte de la pareja. Por citar sólo un ejemplo, cuando los niños enferman, el 15% de las empleadas (el triple que sus maridos) pierde su jornada laboral.
En ese complejo escenario de una sociedad en proceso de cambio, Anna Freixas, psicóloga de la Universidad de Córdoba, subraya que «no es lo mismo ser abuela que abuelo» (no había ni un solo hombre para estudiar a cuidanietos de doce horas semanales), y cree que el compromiso femenino está impidiendo que «las hijas renegocien con sus parejas nueva formas de relación» más igualitarias. Pero hay indicios de que algo se mueve. Freixas también afirma que la ayuda de los abuelos es creciente. Y advierte que los agujeros del sistema ya no podrán ser tapados en el futuro por el sacrificio de las abuelas, que contestan ya con un «rotundo no a la pregunta de si cuidarían a sus nietos como ahora lo hacen sus madres».
[Fuente: diaridetarragona.es]
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