Si te jubilas del trabajo, no te jubiles de la vida

Jubilarse y vivir la vida: cómo evitar traumas innecesarios. Expertos alertan sobre la necesidad de contener a los trabajadores al momento de jubilarse. El retiro abrupto de la vida laboral puede generar depresiones evitables en una etapa que debería ser sinónimo de vitalidad. Alteraciones en la rutina diaria y un incremento del tiempo libre son algunos de los cambios más visibles que genera el retiro formal del mercado laboral, una transición que puede aguardarse con mucha expectativa o temor, según cada caso particular.

No obstante, la mayoría de las empresas y oficinas públicas carecen de talleres “pre-jubilatorios” que preparen a sus empleados y directivos para el cese de tareas. “Más allá de los cambios y las pérdidas, el retiro abre una amplia gama de recursos laborales y recreativos”, afirmó la gerontóloga Laura Bottini, que trabaja en Buenos Aires a través del programa Proteger en la atención de los adultos mayores vulnerables.

La especialista señaló que después de jubilarse, mucha gente encuentra vocaciones postergadas (muchas con fines de lucro) como la actividad académica, viajes postergados o continúa en el mismo trabajo con una nueva asignación de tareas. “Los jóvenes tienen mucha preparación, pero no tienen ni la experiencia ni los valores adquiridos en años de trabajo que sí pueden transmitirles los directivos que se jubilan”, agregó Bottini.

Para el director de la escuela de Gerontología de la Universidad Maimónides, René Knopoff, este reposicionamiento en la vida es necesario, porque la falta de proyección genera mucha angustia y puede provocar las denominadas jubilopatías. “Estrés, angustia, depresión: las jubilopatías son problemas originados en la falta de adaptación vinculadas al retiro”, explicó Knopoff y advirtió que si se agudizan, estos síntomas pueden transformarse en problemas cardiológicos o mentales graves. “En nuestra sociedad, el trabajo es más que un ingreso económico, es una ubicación social”, afirmó el gerontólogo y dijo que cuando la persona no está preparada para jubilarse, siente que el tiempo disponible “le pesa” y eso, le genera angustia.

“Es más que necesario planificar una etapa vital que es muy larga”, apuntó la psicóloga y trabajadora social Mónica Navarro, especializada en Gerontología, y dijo que actualmente, después del retiro laboral quedan, en promedio, más de 20 años de vida para desarrollar nuevas inquietudes. La psicóloga señaló que el nivel ingreso es un factor fundamental “porque la gente con menos recursos trabaja hasta que puede, en una continuidad laboral no elegida” mientras que a las personas con más poder adquisitivo “se les abren otras expectativas”.
Sin embargo, agregó, hay proyectos que se adaptan a las posibilidades de cada uno y una oferta amplia y variada de actividades.

En este sentido, Navarro comentó que hay diferencias de género que hacen que a la mayoría de las mujeres la transición les resulte más fácil que a los varones. “Las mujeres solemos tener una inversión en el plano social más alta, con más y mejores contactos afectivos que los varones, que centran más los vínculos en relación a lo laboral y se sienten presionados por un modelo de familia tradicional, donde tienen que ser pro-
veedores”, explicó.

[Fuente: diariohoy.net]

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