Por qué decidí escribir “Mi Evangelio”

La jubilación puede y debe ser la etapa más feliz de la existencia humana, la etapa de la liberación de las ataduras, de la plenitud y del júbilo. Un tiempo para vivir, para hacer balance, para desarrollar todas las potencialidades y capacidades, para realizarse como persona, en una palabra, para “crecer”. Unos años para disfrutar de la libertad, de la cultura como herencia y como creación, del ocio y tiempo libre disponibles, para participar activa y críticamente, para seguir activos y útiles en la familia y en la sociedad, en fin, para gozar de todo lo bueno que tiene la vida y que ofrece una sociedad democrática.

Por eso, un buen día decidí parar en mi ajetreada vida y comencé a escribir con ilusión “El EVANGELIO DE LAS PERSONAS MAYORES” con el fin de intentar transmitir, con un lenguaje claro y sencillo, a los jubilados y pensionistas, a los ancianos y viejos, a los adultos mayores, a las personas de edad avanzada, cómo hay que vivir estos últimos años del existir humano para vivir con felicidad, bienestar, dignidad, salud integral y calidad de vida. Y para que el proceso de envejecimiento sea normal, sereno, equilibrado, armónico, sin traumas ni síndromes de ningún tipo. Es la “Buena Noticia” de la salvación y liberación de las personas mayores.

Y yo pensaba para mis adentros que si a este pobre pero utópico hombre, que soy yo, tántos centenares y miles de hombres y mujeres mayores, en decenas y decenas de ciudades y pueblos de España, habían escuchado mis palabras y seguido con atención mis enseñanzas gerontológicas con benéficos y constatables resultados, cuánto más y mejor escucharían las palabras y seguirían las enseñanzas de quien es considerado por muchos el Maestro, Camino, Verdad y Vida. Y, en efecto, así sucedió para bien de muchos Mayores.

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