La salud de los adultos mayores comienza por los pies

Es frecuente observar a personas mayores, jubilados y pensionistas, sobre todo mujeres adultas mayores, que padecen algún problema en los pies -a veces más de uno- como por ejemplo callosidades, juanetes, uñeros, dedos en martillo o tipo garfio, dedos montados o entrelazados como consecuencia del uso de zapatos estrechos y puntiagudos, etc. Y muchas de ellas en lugar de ir al podólogo porque piensan que va ser muy caro, o porque temen que les va a serruchar el hueso, o porque sospechan que va a ser peor el remedio que la dolencia, o sencillamente porque no hay podólogo en su pueblo o barrio, deciden en la mayoría de los casos paliar el problema calzándose las “zapatillas de andar por casa”.

Lo que desconocen esas personas mayores es que esas pequeñas o grandes molestias en uno o en ambos pies, que les obligan a ponerse las caseras y cómodas zapatillas de fieltro, poco a poco, les va acelerando el proceso de envejecimiento personal. Cada vez van saliendo menos de casa, no caminan porque les duele los pies, se quedan solas en su domicilio, muchas veces tristes y solitarias, presas del aburrimiento y la melancolía, aisladas e inmóviles, sin estímulos ni relaciones, lo que provoca que lo que eran unos dolencias físicas se vayan convirtiendo en serios problemas de salud física y mental que comienza a afectar seriamente sus vidas.

Poe eso el refrán popular “La salud en la vejez comienza por los piés” es una gran verdad. Como lo también lo es este otro refrán español “Canicie, calvicie y dientes (falta de), son accidentes, pero si arrastra los pies, vejez es”.

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