La matanza de los inocentes ancianos
Y le pusieron por nombre Jesús, porque El iba a salvar a todos los hombres de sus pecados y, particularmente, iba a liberar a todas las personas mayores, pertenecientes al colectivo social de la llamada Tercera Edad, de todas sus ataduras, servidumbres, calamidades y sufrimientos.
Y el Consejo de Ministros, convocado por vía de urgencia por el Presidente del Gobierno, fue puesto al corriente de lo sucedido. Y tras debatir ampliamente el tema, estimando que si aquel Niño era Hijo de Dios y todopoderoso, como decía la gente sencilla, y que si concedía todas aquellas peticiones y reivindicaciones solicitadas por aquellos tres importantes representantes de las Organizaciones de Mayores, podía desestabilizarse la próspera economía de la nación, decidió por unanimidad tomar cartas en el asunto.
Y encargaron al Ministro de Sanidad que, con el mayor secreto y con el apoyo logístico de cuantos efectivos del Ministerio del Interior fuesen necesarios, ordenase a todos los directores funcionarios de los Hospitales de la Seguridad Social, de las Clínicas Geriátricas y de las Residencias de Ancianos, que aplicasen la eutanasia -pasiva, en algunos casos, y activa si fuera preciso, en otros-, esto es, una muerte lenta, suave y sin sufrimiento alguno, a todos los mayores de setenta y cinco años que desde hacía cinco años ocupasen camas de modo permanente y terminal en estos establecimientos sanitarios.
Con esta insólita medida el Gobierno, presionado por la Unión Europea (UE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), pretendía también paliar, en alguna manera, las consecuencias negativas en la Balanza de Pagos de una futura subida de las pensiones en vísperas de elecciones generales y, al mismo tiempo, solucionar la falta de camas y habitaciones libres en Clínicas, Hospitales y Residencias cada vez más saturados de personas longevas.
Y aquella noche murieron varios millares de jubilados y pensionistas inocentes en las diferentes Comunidades Autónomas del Estado Español. Y los hijos y nietos lloraron apenados su desaparición. Y se cumplió así lo anunciado por medio del profeta Jeremías: “Se oían gritos, fuertes gemidos y lamento grande. Lloraban por sus padres y abuelos, y no querían ser consolados, porque ya los habían perdido para siempre”.
Popularity: 1% [?]