Uno de cada cinco malagueños tendrá más de 65 años en 2025. La esperanza de vida entre las malagueñas alcanza casi los 83 años, mientras que entre los malagueños es de 76,6. La entereza para afrontar problemas, el diálogo ante los conflictos y hábitos de vida más saludables explican su mayor longevidad.
Más del ochenta por ciento de los mayores que participan en talleres de ocupación o actividades de ocio en centros sociales son mujeres. Amparo Bilbao, delegada de Bienestar Social, aseguró que la mujer a esa edad es mucho más activa, se muestra receptiva a los avances y al uso de las nuevas tecnologías como Internet. Este comportamiento influye de forma muy positiva en la calidad de vida. “Asisten a talleres de teatro y llevan sus obras por municipios. Lo mismo ocurre con las actividades de pintura o los grupos de baile”, explicó.
Bilbao señaló que estas actividades, además de mantenerlas activas, le dotan de autonomía personal e independencia. En el caso del hombre, su participación es más pasiva y siguen juegos tradicionales, como el dominó o la petanca, aunque en este último caso parece que se están equilibrando los dos sexos. Por otro lado, la asistencia a comedores garantiza una alimentación sana, ya que los menús están supervisados por médicos.
El factor psicológico influye en la esperanza de vida. Según la psicóloga María José Zoido, entre las causas que explican la mayor longevidad de la mujer se encuentra “su disposición a expresar problemas y sentimientos”, lo que hace que “su sistema inmunológico esté más nivelado que el del hombre”. “Tenemos más probabilidades de manifestar lo que sentimos y esto nos ayuda a controlar más la tensión y el estrés, que son dos aspectos que disminuyen la calidad de vida”, indicó la psicóloga.
Aunque a la mujer le afectan más los trastornos mentales, su mayor capacidad para relacionarse con los demás y sobrevivir de forma autónoma le hace más fuerte, subrayó.
En este sentido, la psicóloga explicó que cuando una mujer enviuda, es capaz de llevar sola su casa y de salir adelante, salvo excepciones, porque está acostumbrada a desenvolverse de forma independiente. En cambio, en el caso del hombre, le aflora una mayor sensación de indefensión, porque tradicionalmente se ha ocupado de su vida laboral, y a la hora de enfrentarse a lo cotidiano en el hogar se siente “desvalido”, reseñó Zoido.
Por otro lado, cuando el hombre alcanza la jubilación le persigue una sensación de indefensión y siente que ha perdido su estatus. En cambio, la mujer ve esta etapa como una liberación para dedicarse a sus aficiones o a la familia.
Tradicionalmente la mujer ha seguido hábitos de vida más saludables, con menos adicción al tabaco o el alcohol, aunque cada vez se iguala entre los dos sexos. Para el sociólogo y profesor de la Universidad de Málaga, Andrés Lozano, las costumbres sociales justifican en gran medida la longevidad.
Aunque la diferencia de la esperanza de vida entre los dos sexos es de más de seis años, la previsión es que se vaya acercando, teniendo en cuenta los cambios sociales. Lozano esgrimió que con la incorporación de la mujer al mundo laboral, su calidad de vida puede empeorar, no por el hecho de trabajar, si no por lo que se conoce como doble jornada, el empleo y su labor en el hogar.
En el siglo XX la diferencia de la esperanza de vidas entre ambos sexos fue aumentando hasta 1975, año en el que comenzó a reducirse. En la longevidad intervienen otros factores, como la renta, el modelo económico o la calidad ambiental, manifestó.
La actitud a la hora de afrontar los problemas es determinante en la calidad de vida, según expone la psicóloga Ana Belén Ramos. En su opinión, la mujer tiende más al diálogo y a resolver los conflictos enfrentándose directamente a ellos. “La comunicación contribuye a asumir mejor las situaciones difíciles y encontrar una solución. Este comportamiento previene el estrés, que afecta mucho a la salud”, indicó.
Por otro lado, Ramos explicó que los hábitos sociales influyen de forma determinante y puso como ejemplo el menor consumo de alcohol, tabaco o drogas en el sexo femenino.
En cuanto al ámbito laboral, la psicóloga indicó que tradicionalmente el hombre ha ocupado cargos más relevantes y eso pasa factura en la edad de jubilación. En este sentido, la psicóloga coincide con otros expertos en que a partir de los 65 años, el hombre se siente más desprotegido y con la sensación de que ha perdido poder y su rol.
El estrés se considera origen de enfermedades, como las dolencias cardiovasculares. La mujer suele utilizar técnicas más eficaces para resolver situaciones estresantes. Esta es la opinión de María Teresa Sánchez, psicóloga y terapeuta. En su trabajo diario en una residencia de ancianos de Benalmádena observa como las mujeres participan de forma más activa que los hombre en las actividades e intentan superar sus limitaciones, como los problemas de memoria. “Cuando hay un conflicto en el hogar, normalmente el hombre se queda en la cama y no responde. En cambio, la mujer lleva la iniciativa, por estar acostumbrada a lo cotidiano y a resolver varias incidentes a la vez”, manifestó la psicóloga. En la esperanza de vida influyen de forma decisiva los hábitos alimenticios. “El sexo femenino se ha interesado más en comer bien, seguir una dieta equilibrada, mientras que los hombres son más adictos a las grasas y eso repercute a la larga en su salud”, señaló.
La carga de trabajo es otro factor determinante en la longevidad. Según María Teresa, en las generaciones de los 50 y 60 ligadas al sector agrícola, se aprecia un desgaste físico, más acusado en los hombres.
Juan del Ojo, subdirector de producción del Instituto Andaluz de Estadística (IEA) ha analizado como experto demográfico las variables que influyen en la calidad de vida de los ciudadanos. Y teniendo en cuenta el comportamiento de la población femenina en Málaga, augura que la esperanza de vida seguirá creciendo, pasando de los 82,7 años a casi los 86 en 2025. Esto se debe a que todavía se perpetúan hábitos y costumbres heredados en las generaciones de los 60 que influyen en la longevidad de la mujer. En el caso de los hombres, se aumentará de 76,6 a 79,8 años, un crecimiento algo inferior al experimentado en el sexo contrario.
Con la mejora de la calidad de vida, la población es más longeva y el peso de los mayores se incrementa. Del Ojo considera que se va a producir “un envejecimiento gradual en la sociedad”, para lo que habrá que contar con los servicios y las prestaciones necesarias.
El aumento de la esperanza de vida se aprecia en el repunte de la población mayor de 80 años, manifestó el experto. Ahora hay censadas 48.223 personas de esta franja de edad, lo que supone el 3,2 por ciento de la población, mientras que en 2025 serán 99.025, más del doble. Las mujeres representarán más del sesenta por ciento de los ciudadanos que superen los 80 años.
[Fuente: laopiniondemalaga.es]
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