Hay que perder el miedo a envejecer

Antonio Gómez Rufo ha escrito una novela aplastante, demoledora, abrasadora, magnética. En «La noche del tamarindo» (Planeta) el cartógrafo de la balada triste sobre Madrid acaba con el mito de la eterna juventud «porque el mito ya no es mito, sino realidad». Su obra es un canto a la vida, un relato muy esperanzador: «Los avances de la ciencia hace que podamos vivir durante muchísimo tiempo, y más que se va a poder vivir». «La noche…» de Gómez Rufo también es provocadora, y generará discusiones científicas: «¿Por qué los gobiernos ponen problemas éticos al avance de la ciencia cuando en realidad la ciencia no debería tener ninguna traba, ya que ha avanzado de manera impagable, geométrica? Al principio del siglo XX la esperanza media de vida era de 35 años, ahora de 80. Los gobiernos se plantean cómo van a sostener las pensiones de los ciudadanos cuya vida media sea de 125 años. La «excusa ética» de esas trabas es económica».

Es un canto a la longevidad, no a la inmortalidad: «Se trata de perder el miedo al envejecimiento, al deterioro», a sabiendas de que cada vez la vida será más larga medida». Gómez Rufo recuerda que cuando iba a ver a su padre, que vivió 90 años, le espetaba sentado en su illón: «»Yo, ¿qué hago aquí? Quiero morirme». Llega un momento en que la vida está bien medida, salvo la tragedia de una muerte prematura. “Hay que perder el miedo a nuestro proceso biológico. La gente confunde vivir con durar, y eso no es vida».

Cuenta Gómez Rufo que durante año y medio ha tenido «la inmensa fortuna» de aprender «con los científicos para escribir «La noche del tamarindo». Viendo a través del microscopio cómo funcionan las células madre; al compartir esas horas con los científicos me he dado cuenta de que la longevidad está ahí. Nos moriremos de infelicidad, pero no de lo que nos estamos muriendo hoy. A la gente hay que transmitirle la idea de que que esté lo más conforme consigo misma, y con lo que le da la vida».

Gómez Rufo ha escrito su novela en carne viva. Llegó «a meterse», como un personaje, una pistola (la suya de agua) en la boca para ver qué sensación se experimenta, estuvo meses comprobando cómo las células madre «se comían un cáncer». Interiorizó un relato en el que el protagonista, Vinicio Salazar, uno de los hombres más ricos de la tierra, pacta con el diablo del futuro comprar su longevidad: «Y se pregunta por qué hay una medicina para ricos, y otra para pobres, por qué desaparecen tantos niños, por qué hay tráfico de órganos… No podemos mirar para el otro lado».

[Fuente: abc.es]

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