Hasta diez años más viven los jubilados activos

Un viejo de Malagón (Ciudad Real) me enseño hace tiempo este dicho “El jubilado es como una bicicleta, si se para, se cae”. Los que están siempre en movimiento, siempre activos, en todo momento dinámicos, expeditivos, productivos, viven más de diez años, y encima con mayor salud y bienestar, que los jubilados o pensionistas de edad avanzada que se pasan el día tomando el sol sentados en la plaza del pueblo, apoltronados en su sillón de orejas preferido haciendo ‘zaping’ frente a la caja tonta de la televisión, o practicando el ‘tumbing’ o el ’sillonball’ vegetando y medio adormilado.

Otro jubilado extremeño, un “joven” de 85 años, me dijo con sabiduría ancestral hace unos veinte años: “Te has fijado, José Luis, que solo vegeta el vejete”. Es decir, sólo vive como un vegetal el vejete, el vejestorio, el que está inmovil, ocioso, sin hacer nada, con la mente puesta en las musarañas…

En efecto, los jubilados y pensionistas que hacen ejercicio con frecuencia, comprueban como se atenúan los efectos del paso del tiempo y cómo se rejuvenece, hasta, nos enseñan los gerontólogos, 10 años más de vida en comparación con los amantes del sofá y la televisión.

“Tele y sillón, matan vista y corazón” me ilustró otro jubilado, esta vez de Madrid, como si fuera un refrán popular del siglo XX o, más aún, del siglo XXI.

Pero todo este mensaje se resume en la famosa frase de uno de los fundadores de la Geriatría y laGerontología en España, el Doctor Jesús Calvo Melendro, soriano ilustre ya fallecido, que en el año 1980 inmortalizó la siguiente frase, píldora de salud, cápsula de bienestar, pastilla de calidad de vida al envejecer: “Para tener salud en la jubilación, poca cama, poco plato y mucha suela de zapato”.

En síntesis, que no hay que gastar tanto en médicos y en medicinas sino en suela de zapatos y en zapateros.
Esto es lo que han descubierto científicos del King’s College London, en el Reino Unido, al analizar la edad celular de 2.401 pares de gemelos y su relación con el nivel de activad física que realizaban en su tiempo libre. Para determinar el envejecimiento celular, Tim Spector y sus colegas midieron la longitud de los telómeros, unos fragmentos de ADN muy repetitivos situados en los extremos de los brazos cromosómicos, que se acortan con la edad en cada división celular; una especie de reloj de cuenta atrás. En este caso, analizaron los telómeros de sus leucocitos (células del sistema inmune).

En los participantes sedentarios, que se ejercitaban menos de 16 minutos a la semana, estas estructuras eran 200 nucleótidos –las unidades básicas del ADN- más cortos que los de los más deportistas. Teniendo en cuenta que cada año se pierde un número variable de bases teloméricas (en este estudio la media fue de 21), este resultado equivale, según Spector y su equipo, a una década de diferencia entre ambos grupos.

“Los sujetos inactivos son 10 años más viejos que los que hacen más ejercicio”, explica el trabajo publicado en el último número de la revista ‘Archives of Internal Medicine’. Este efecto, que no se pudo explicar por la presencia de otros factores que favorecen el envejecimiento, como el tabaco o el índice de masa corporal, era además acumulativo e independiente de la edad. “Al aumentar la actividad también crecía la longitud de los telómeros”, explica Spector. En un examen más detallado de 67 de estas parejas encontraron resultados similares.

Muchos estudios han demostrado los beneficios de la actividad física. Mejora la calidad de vida, reduce el riesgo de aparición de muchas patologías crónicas y el de muerte. Pero la confirmación de que estos procesos tienen su repercusión a nivel celular “debería hacernos considerar alternativas a los modelos de diagnóstico y tratamiento [para patologías asociadas a la edad]“, en opinión de Jack Guralnik, del Instituto Nacional del Envejecimiento en EEUU, que firma un editorial sobre este trabajo.
Una pieza más del puzle

El envejecimiento es un proceso complejo en el que intervienen muchos factores y causas. “El sedentarismo nos hace llegar a edades avanzadas en peores condiciones, con peor calidad de vida”, explica a elmundo.es Javier González, Catedrático de Fisiología y Director del Departamento de Fisiología de la Universidad de León.

La longitud de los telómeros es, para este especialista, “un marcador más”. En la misma línea, Guralnik sugiere que este hallazgo debe entenderse como un “indicador acumulativo [...] que puede usarse para investigar los mecanismos del envejecimiento y posibles intervenciones para retardarlo”.

¿Cómo retrasa el ejercicio los efectos deletéreos de la edad? La clave podría estar en un proceso biológico: el estrés oxidativo. A medida que cumplimos años, aumentan los radicales libres (moléculas que ‘atacan’ a las membranas celulares, al ADN y otras estructuras). Pero las personas que tienen una actividad física prolongada mantienen jóvenes los mecanismos que luchan contra estos compuestos. Esta es la explicación más plausible que Spector tiene para este fenómeno, según relata a elmundo.es.

Falta mucho camino por recorrer antes de comprender en profundidad por qué nuestro cuerpo se hace mayor pero de momento este y otros trabajos “subrayan la importancia de promover el ejercicio físico” para aminorar el paso del tiempo y alcanzar la vejez en las mejores condiciones posibles.

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Hay 1 comentario. »

  1. Excelent post, sigue con el buen trabajo!

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