Las bienaventuranzas de los Mayores según mi evangelio

Y cuando el Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid se encontraba rebosante de jubilados y pensionistas aguardando la aparición de conocidos políticos del partido en el Gobierno, que iban a hacerles una buena “comida de coco” con sus discursos demagógicos en vísperas de elecciones generales, sabiendo Jesús que muchos de ellos habían acudido a aquel acto electoral atraídos por el reclamo publicitario de que a los asistentes se les iba a repartir bocadillos gratis, mecheros y gorritas con visera plastificada -pues en el fondo de su corazón aquellas provectas personas sabían perfectamente a quién iban a votar pasado el llamado “día de reflexión”-; viendo Jesús sus semblantes cansinos y aburridos, se subió a la tribuna de oradores, cogió el micrófono y levantando la voz les habló con dulzura pero como quien tiene autoridad, diciendo:

“Bienaventurados los pobres mayores que al final de cada mes sólo reciben una mezquina pensión que no les permite llegar a fin de mes estando jubilados del trabajo; los que aceptan como una limosna simbólica la llamada “pensión asistencial” o la conocida como “pensión de solidaridad” proveniente del Fondo de Asistencia Social; y todos aquellos que con su pensión no alcanzan el salario mínimo interprofesional. De ellos, más que de nadie es el Reino de los Cielos”.

“Bienaventurados los adultos mayores que muestran mansedumbre, serenidad y dulzura; los que no imponen sus ideas por la fuerza ni la experiencia acumulada de toda una vida por la tremenda. Porque de esta forma demuestran su auténtica sabiduría a los ciudadanos que les rodean y así se ganan al mundo entero”.

“Bienaventuradas las personas de edad avanzada que sufren con paciencia el desprecio y la desconsideración de jovenzuelos desaprensivos; los que son llamados “canicas” porque, dicen, que están ya a un paso del hoyo; los que soportan sin quejas ni murmuraciones que les endilguen las siglas “NPI” de quienes les recuerdan que seguramente “no pasarán el invierno”; los que sobrellevan con afabilidad que les endosen epítetos peyorativos tales como “carrozas”, “retablos”, “medioevos”, “pergaminos”, “chatarra”, “escoria” y otros por el estilo, pretendiendo que entiendan que están de sobra en este mundo moderno. Yo os digo, amados míos, que su sufrimiento se convertirá en consuelo y su amargura y decepción se transformará en júbilo eterno”.

“Bienaventurados los jubilados que a lo largo de su existencia han sabido luchar en favor de la justicia, la libertad, la paz, el amor, la solidaridad y la igualdad de oportunidades. Y que ahora, en esta última etapa de la vida, siguen teniendo hambre y sed de estos grandes valores de la humanidad y los defienden con la dignidad que dan los años y las canas. Ellos, mejor que nadie, lo conseguirán y quedarán hartos y satisfechos en lo más íntimo de si mismos”.

“Bienaventuradas las personas mayores que son misericordiosos, que saben perdonar a sus enemigos y detractores, que olvidan las ofensas recibidas, que estrechan con sinceridad la mano del que combatió en el otro bando en la guerra fratricida, que abrazan con afecto al que tiene distinta ideología y saben acoger con naturalidad a los que les aborrecen por envidia, animadversión o rivalidad. Os digo, que alcanzarán misericordia, comprensión y perdón. Más aún, serán recibidos por Dios con los brazos abiertos”.

“Bienaventurados los pensionistas que tienen limpio el corazón, que no piensan mal de los demás, que saben disculpar los yerros ajenos, que actúan siempre con buenas intenciones, que van por la vida derramando integridad, inocencia, desinterés y honradez a carta cabal. Os aseguro que serán los primeros que verán a Dios. Serán, sin duda, los más afortunados”.

“Bienaventurados los ancianos que luchan por la paz, que en cualquier tiempo y lugar aparecen como mediadores y apaciguadores, que siempre están limando asperezas, calmando los ánimos de gente belicosa, serenando a individuos enfrentados por dimes y diretes, mitigando heridas y rencillas, reconciliando a personas y familias desunidas, sin hacer mal a nadie, siempre buscando poner paz y amor allí donde escasean. Realmente ellos son los hijos de Dios más queridos”.

“Bienaventuradas las personas mayores que son perseguidas por defender lo que consideran justo, por decir las verdades aunque duelan oírlas, los que en todo momento se muestran ecuánimes e imparciales, por su probidad demostrada a diestra y siniestra, por su honradez a prueba de balas, por su rectitud y equidad, por guardar siempre mis preceptos en toda coyuntura y seguir el camino que Yo les he mostrado. A todos ellos, amados míos, pertenece mi Reino y, en verdad, ya están en él aunque todavía vivan en la tierra”.

“Bienaventurados los jubilados y pensionistas que sufren toda clase de injurias, persecuciones, agravios, improperios y menosprecios por causa mía; los que reciben burlas por seguir mis enseñanzas y por servirme; los que son acusados calumniosamente por ser fieles a mi doctrina y a la fe que recibieron en el bautismo. Alégrense y regocíjense en lo profundo de su corazón porque su recompensa será grande y Dios se lo premiará en esta vida y en la otra en los cielos. No debemos olvidar que antes que a las personas mayores persiguieron a los profetas, a los mártires y a los santos, a los que en la actualidad muchos rezan con devoción.”

Y bendiciendo a todos los presentes, bajó de la tribuna de oradores entre los aplausos de unos y la perplejidad reflejada en el rostro de otros. Y todos cayeron en la cuenta que la jubilación es una etapa de balance y perspectiva, de reflexión y liberación, de evaluación y recuperación del tiempo perdido.

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One Response to “Las bienaventuranzas de los Mayores según mi evangelio”

  1. 1
    daniela Says:

    esta muy largo para yo escribirlo

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