El mejor amigo de los ancianos y adultos mayores

JESUS ACOGE A LOS MAYORES

Al ver Jesús, mientras paseaba por las calles de Valladolid, que los sacerdotes, discípulos y policías municipales de uniforme apartaban con cajas destempladas a un grupo numeroso de personas mayores que, según ellos, iban a molestar al Señor contándole sus interminables quejas y “batallitas”, les respondió dulcemente y les dijo en alta voz para que todos le oyesen:

“Dejad que los viejos vengan a Mí y no se lo impidáis, porque de los que son como ellos es el Reino de los Cielos.” Y diciendo esto, el Señor abrazó a aquellas personas de edad y las bendijo imponiéndoles las manos.

Y Jesús observando que muchos no entendían sus palabras, quiso dejar su sentido claro. Por eso añadió enfáticamente:

“Dejad que las personas de la Tercera Edad vengan a Mí y no les pongáis trabas, porque ellas son las criaturas que más amo, porque lo han dado todo en la vida; porque han sufrido mucho a lo largo de su existencia; porque han bregado con sudor y lágrimas por sacar adelante a sus seres más queridos; porque han padecido guerras, hambre, desengaños y cataclismos; porque sus arrugas y cicatrices hablan de sus muchos sacrificios; porque con sus desvelos y esfuerzos han logrado humanizar la vida humana; porque con sus sufrimientos, dolencias y padecimientos han purificado con creces sus culpas, faltas y deslices propios de todo ser humano”.

Y Jesús elevando el tono de voz, dijo: “¡Ay de aquel que escandaliza a un anciano! ¡Ay de aquel que haga daño físico o moral a un viejo! ¡Ay de aquel que desprecie o se burle de una persona de edad avanzada! ¡Ay de aquel que insulte o maltrate a un jubilado! Más le valdría que le amarraran a un ancla y le echara al fondo del océano, porque unas personas que hacen estas acciones indignas e infames, no merece realmente vivir”.

“El que recibe a una de estas personas mayores, a Mí me recibe; y quien me recibe, recibe a quien me ha enviado, mi Padre Dios”.

“El que diere de beber a uno de estos ancianos, aunque sólo sea un vaso de agua fresca, porque es mi discípulo y amigo, os digo con toda seguridad que no perderá su recompensa. Cuanto más si le ofrece un vaso de buen vino, una caña de cerveza, un buen aperitivo o una sabrosa comida”.

Y levantando Jesús la mirada al cielo exclamó en aquel momento: “Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque habiendo escondido estas cosas a los sabios, inteligentes y prudentes, las has revelado a los Mayores, a los hombres sencillos. Sí, Padre, así Tú lo has querido”.

Y mientras Jesús hablaba estas palabras visiblemente emocionado, muchos jubilados y pensionistas, hombres y mujeres, que deambulaban por las calles y plazas cercanas, se fueron aproximando. Entonces Jesús abiertamente se dirigió a todos ellos y les dijo:

“Venid a Mí todas las personas mayores, jubilados y pensionistas que estáis cansados, tristes y melancólicos, que yo os alegraré”.

“Venid a Mí todos los ancianos que os encontráis solos y abandonados, que Yo os acompañaré”.

“Venid a Mí todos los viejos que estáis angustiados y hastiados de la vida, que Yo os reanimaré”.

“Venid a Mí todas las viudas que estáis oprimidas, marginadas y desvalidas, que Yo os aliviaré”.

“Venid a Mí todos los pensionistas que estáis desesperados y temerosos, que Yo os tranquilizaré”.

“Venid a Mí todas las personas mayores que estáis indefensas y desamparadas, porque Yo os asistiré y atenderé”.

“Recibid, amigos mios, mi palabra y mi amor. Y aprended de Mí, que soy manso y de corazón bondadoso. En Mí encontrarán todos los Mayores descanso en la última etapa de la existencia humana. Porque mis palabras son fáciles de aceptar y mis preceptos fáciles de comprender”.

Y todas las personas de edad avanzada que escucharon en silencio estas palabras de Jesús, regresaron a sus casas con el ánimo reconfortado y el corazón esponjado. Y sus rostros aparecían resplandecientes y sus ojos brillaban de un modo especial.

Y un jubilado vallisoletano, por nombre Servando, hombre bueno y temeroso de Dios, queriendo ayudar a las personas mayores a elevar sus bajos niveles educativos y culturales, pues muchas de ellas, sobre todo las que procedían de comarcas rurales apartadas, se habían visto tradicionalmente marginadas del disfrute de los bienes culturales, constituyó con otros jubilados que compartían sus ideas una Asociación bajo el nombre de “Aula Sesenta”. Pocas semanas después esta entidad comenzó a organizar diversas actividades culturales, de formación permanente, lúdicas, de convivencia y de dinámica ocupacional dirigidas a los Mayores. Y la asistencia y la participación era cada día mayor. Y todos se sentían promocionados como personas, y de día en día lograban alcanzar una mayor felicidad y una enorme ilusión de vivir.

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