La jubilación ¿liberación o servidumbre?

Para algunos la etapa de la jubilación, cada vez más larga en el tiempo, no es motivo de felicidad, de satisfacción, de un bien deseado. Sin llegar a pensar como el novelista Ernest Hemingway, el autor de “El viejo y el mar” que dejó escrita está rotunda frase que pasó a la historia: “La jubilación es la palabra más horrible del dicionario porque significa el conjunto de todos los males”. En efecto, es cierto que para muchos pensionistas y adultos mayores retirados de la circulación laboral y profesional, la jubilación es un compendio de muchas desgracias y calamidades: pobreza por las bajas pensiones, abandono de amigos y familiares, soledad, aislamiento, aburrimiento, depresiones, frecuentes achaques, enfermedades diversas, cercanía de la muerte, etc.

Sin embargo, para otros jubilados, afortunadamente cada vez más numerosos, la etapa de la jubilación es sinónimo de felicidad, de una vida repleta de satisfacciones, un periodo largamamente deseado y disfrutado. Ya lo anunció hace años el escritor Aldous Leonnard Huxley, el autor de “Un mundo feliz” cuando escribió esta famosa frase: “La jubilación es la mejor etapa de la existencia humana porque significa la liberación de las ataduras”.

En efecto, así es hoy en día para muchos jubilados y pensionistas la etapa de la jubilación. Viven liberados del trabajo, de los “jefes”, de la burocracia, del tiempo, del espacio y de desplazamientos obligatorios, de compromisos, de tareas engorrosas, etc. Y viven disfrutando de la vida, dedicados al ocio y la cultura, a la amistad y la convivencia, a los hijos y nietos, a la lectura, al cine, al teatro, a los viajes y el turismo, a tantas y tantas cosas que no pudieron hacer antes. Se sienten liberados y, sobre todo, ilusionados.

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