Algunas pistas para llegar a ser centenarios

En esta sociedad, un tanto sedentaria, la ingesta energética excede al requerimiento necesario para el gasto de la actividad diaria, es decir, se come más de lo que se necesita. Ésta forma de alimentarse lleva en los países desarrollados, desde los primeros meses de la vida, a la patología metabólica de la obesidad y al sobrepeso a gran parte de la población. Ambos trastornos son factores de riesgo y origen de enfermedades cardiovasculares y metabólicas, constituyendo lo que se define en la actualidad como síndrome metabólico’, que convierte a estos pacientes en grupos con mortalidad prematura, disminuyendo la esperanza de vida en una sociedad que lucha por aumentar la longevidad.

Desde Alejandro el Grande, pasando por el rey Fernando el Católico y, en nuestros días, una constante regular del hombre es la búsqueda de la inmortalidad. Son muestras de tal empeño: las leyendas como la piedra filosofal, la panacea universal, los múltiples elixires de la vida, la creación de Geron Corp, primer laboratorio con biotecnología para el desarrollo de terapias contra la vejez e incluso el interés de Miller Cuarles, excéntrico multimillonario americano de 81 años de edad, que dedica parte de su fortuna para el primero que pueda curar la vejez.

Aunque la inmortalidad esté en el horizonte de la utopía, el alargar la vida está en la mente de los investigadores como posible. Los avances científicos ponen de manifiesto que el hombre puede estar programado para vivir con una esperanza de vida de 120 años, incluso más.

Estudios epidemiológicos llevados a cabo en amplios grupos de población muestran que un 25 a un 30 por ciento de los factores condicionantes de la longevidad están genéticamente predeterminados, el resto entre un 70 y un 75 por ciento están íntimamente ligados al medio socio-económico-cultural en que el hombre se desarrolla.

La esperanza de vida ronda una media de 80 años en los países desarrollados. La población centenaria, aunque tiene cierta dificultad su estudio, sin embargo, es bien conocido que hay países con una alta proporción de centenarios. Japón es el país con personas de más de 110 años, sobresaliendo Okinawa, cuyos habitantes con una alimentación escasa en calorías, tiene un 47,07/100.000 habitantes con más de 100 años. Con similares proporciones de longevidad se halla la isla de Cerdeña, cuyos habitantes consumen dieta estricta mediterránea, acompañada de la ingesta de vino tinto. La estimación de longevos para el año 2050 pueden llega a ser entre 10 y 40 veces mayor que la actual. Estudios del Centro Max Planck Institute for Demographic Research indican que de los que nacen en este siglo XXI vivirán más de cien años y podrán compartir unos cuantos años del próximo siglo.

Uno de los caminos elegido para la investigación científica de la longevidad, es el que se refiere al uso de la restricción calórica, es decir, el mantener al organismo hambriento de manera controlada. En el año 1934 dos investigadores, C. McCay y M. Crowell de la Universidad de Cornell (Ithaca. N.Y.), observaron que ratas alimentadas con una dieta equilibrada pero muy reducida en calorías, aumentaba su longevidad en dos veces más de lo esperado. Esta observación llevó al investigador a profundizar en el estudio de la restricción calórica y su influencia en la longevidad. Weindruch junto con su maestro Walford, inician una serie de investigaciones en ratones con restricción calórica, observando un incremento de supervivencia y una menor sensibilidad para infecciones y patologías asociadas al envejecimiento. Los mismos resultados se hallaron por distintos científicos en experiencias en monos, levaduras, roedores, moscas y nematodos. Similar resultado se observó en seres humanos en un estudio realizado en la Universidad de Washington por el Dr. Fontana en el año 2002.

Estos resultados sorprendentes llevaron a los investigadores a estudiar en la célula el efecto de la restricción calórica. Leonard Guarente en USA descubre en el año 2000 cómo la restricción calórica activa un gen regulador de la información llamado SIRT2, miembro de una familia denominada sirtuinas, que tiene la capacidad de lentificar el envejecimiento celular al sintetizar una proteína denominada Sir2. Las células que son sometidas a una restricción calórica se hacen más resistentes a su destrucción, aminorando la secuencia del suicidio celular, evolución normal de las células (apoptosis) alargando su supervivencia. Ante estos hallazgos, científicos y laboratorios comerciales iniciaron la búsqueda de sustancias que pudieran activar esta compleja familia de sirtuinas o de otros genes relacionados con la longevidad.

En el 2003 Howitz y Sinclair informaron que compuestos naturales procedentes de vegetales estimulaban la acción de las sirtuinas, diminuyendo la actividad del ADN, alargando su vida a semejanza de los resultados hallados con la restricción calórica. Entre las sustancias con más actividad en alargar la longevidad fueron los fenoles, Resveratrol, Quercetina y Catequina, sustancias presentes en el vino tinto y con manifiesta actividad anti-estrés oxidativo. El efecto antioxidante del resveratrol, componente importante del vino tinto, y del régimen hipocalórico equilibrado, explicaría la acción beneficiosa en la patología cardiovascular, arterioesclerosis, obesidad, cáncer, demencia senil y E. Alzheimer, llevando a una mayor esperanza de vida y longevidad a nuestra sociedad. ¿No es lo qué deseamos todos?.

[Fuente: larioja.com]

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