La mujer viuda adúltera según mi “Evangelio”

En mi libro “El Evangelio de las Personas Mayores” podemos leer el siguiente capítulo:

LA MUJER VIUDA ADULTERA

Jesús se fue después al Parque del Oeste de Madrid a oxigenarse un poco. Y al día siguiente muy de mañana entró de nuevo en la Catedral de Nuestra Señora de la Almudena y se puso a orar. Y saliendo a la calle se sentó en uno de los muchos bancos instalados recientemente por el Ayuntamiento de Madrid. Toda la gente que pasaba por la calle se apiñaba a su alrededor y Jesús le enseñaba acerca de Dios.

Al poco rato, algunos sacerdotes acompañados de policías municipales y de directivos del Instituto Nacional de Migraciones y Servicios Sociales, más conocido como el IMSERSO se presentaron ante el señor trayendo a una mujer viuda sorprendida en flagrante adulterio en una Residencia de Ancianos de la Comunidad de Madrid. Y poniéndola en medio delante de Jesús, le dijeron acalorados:

“Maestro, esta viuda acaba de ser sorprendida en la Residencia acostada en la cama con un anciano, viudo como ella, haciéndole arrumacos y carantoñas, cometiendo adulterio, escandalizado a los demás ancianos residentes y contraviniendo el Estatuto Básico de Centros aprobado en su día por las autoridades competentes del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Por otra parte, el Reglamento de Régimen Interior de esta Residencia de Válidos dice que esta clase de falta hay que castigarla con la expulsión y pérdida de la plaza de residente. Nosotros pensamos, por otra parte, que como la falta ha sido muy grave, a esta mujerzuela también debe quitársela la pensión de viudedad. Tú, ¿qué dices?”.

En realidad todo aquel montaje era una encerrona. Decían todo esto para probarle y tener de qué acusarle. Por que si Jesús se ponía a favor de la viuda adúltera todas las autoridades civiles y religiosas se le echarían encima, y si por el contrario, la condenaba, un gran número de personas mayores perdería la fe en Él, por cuanto muchos ancianos buscaban imperiosamente la relación interpersonal y el amor, como necesaria compañía, como autoafirmación de su personalidad y como solución a su grave problema de soledad y aislamiento social.

Pero Jesús, conocedor de lo que tramaban en su corazón, se agachó y se puso a escribir con un dedo en la tierra. Todos se quedaron asombrados y expectantes. Como los sacerdotes, los policías municipales y los directivos del IMSERSO insistieran en su pregunta, se incorporó Jesús y les dijo: “El que de vosotros esté sin culpa, que levante la mano y firme el acta de expulsión de esta mujer de la Residencía de Ancianos”. Y agachándose de nuevo, continuó escribiendo en el suelo.

Al oír aquellas palabras empezaron a retirarse uno tras otro, comenzando por los más altos cargos de la Administración Pública y siguiendo por los sacerdotes más viejos que comentaban entre sí: “Este hombre, al que llaman Jesús, a lo que se ve, también está imbuido de la Teología de la Liberación. Vayamos a informar al Nuncio y a la Conferencia Episcopal. Quizás sería conveniente que conociera también estos hechos el Cardenal de Roma que preside la Congregación para la Doctrina de la Fe porque, a nuestro juicio, no son normales y pueden constituir un delito contra la legislación eclesiástica tradicional”.

Jesús se quedó solo con la viuda que continuaba en medio delante de Él. Entonces se alzó Jesús, se dirigió a ella y le dijo: “Mujer, ¿dónde están los que te condenaban y te querían expulsar de la Residencia de Ancianos y quitarte la pensión? ¿Nadie te condenó?”.

Y ella contestó avergonzada: “Nadie, Señor”.

Entonces le dijo Jesús: “Pues Yo tampoco te condeno. Vete y no peques más. Y si amas a tu compañero, cásate con él, aunque por ello el Estado y el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) te quite la pensión de viudedad. Prescinde del qué dirán los demás residentes y los funcionarios que te rodean. Haz lo que te dicte tu corazón. Y ahora vete y que seas muy feliz. Porque ya lo decían los antiguos: “Antes pierde el viejo el diente que la simiente”. Porque en verdad en verdad te digo: se comienza a envejecer cuando uno deja de amar. Pero desgraciadamente muchos jubilados parecen olvidarlo”.

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