No todos los jubilados y pensionistas son trigo limpio
Se puede leer en el “Evangelio de las Personas Mayores” este capítulo que, aunque pudiera considerarse “duro”, responde a una realidad.
JESUS DESENMASCARA A CIERTOS JUBILADOS
Y Jesús desembarcó en Palma de Mallorca. Y fue predicando la palabra de Dios por todas las ciudades y pueblos de Baleares. Y llegando a Ibiza, observando que en sus hermosas playas y en los muchos hoteles de lujo que allí había pululaban muchas personas de edad avanzada, se subió a un yate que estaba amarrado a un puerto deportivo junto a otros muchos, y pronunció las siguientes palabras, que al día siguiente aparecieron como titulares en los principales diarios de la región:
“¡Ay de vosotros, jubilados hipócritas, los que criticáis acerbamente al Gobierno de turno porque no os sube las pensiones tanto cuanto quisierais, pero os sobra el dinero para suscribir cédulas hipotecarias, certificados de depósito, letras del Tesoro y bonos del Estado!!”.
“¡Ay de vosotros, jubilados hipócritas, los que aparentáis no tener un euro, pero que invariablemente os jugáis fuertes sumas todas las semanas en las máquinas tragaperras, en la lotería nacional, a las quinielas de fútbol, a la lotería primitiva, al bingo, al casino, al sorteo de la ONCE y, últimamente, también, al bonoloto!”.
“¡Ay de vosotros, jubilados hipócritas, los que os estáis siempre quejando de vuestras bajas pensiones, pero tenéis desde hace años vuestro dinero invertido en patrimonio inmobiliario, en propiedades, en terrenos urbanos y rústicos, y en el mercado monetario nacional e inclusive en el internacional!”.
“¡Ay de vosotros, jubilados hipócritas, los que no dais limosna a los pobres de las esquinas ni a los parados y emigrantes que tocan la guitarra, la quena o la zampoña en los vagones y pasillos del Metro, pero gastáis vuestro dinero en fondos de inversión, en pagarés al portador de máxima rentabilidad financiera, en bonos canjeables en acciones, en amortizaciones de alta rentabilidad y en obligaciones de altos dividendos a corto plazo!”.
“¡Ay de vosotros, jubilados hipócritas, los que estáis más preocupados por la cotización diaria en Bolsa de vuestras acciones, por las ventajas fiscales que os puedan beneficiar, por la garantía y seguridad del Estado, por los rendimientos exentos de retención a cuenta de los impuestos personales y por las inversiones a renta fija, que por los problemas físicos, psíquicos y sociales de muchos ancianos, por las necesidades perentorias de muchos viejos que viven cerca de vosotros o por las existencia inhumana de muchos enfermos terminales de avanzada edad en clínicas y hospitales!”.
“¡Ay de vosotros, jubilados hipócritas, los que tenéis varias cuentas corrientes abiertas en diferentes entidades bancarias y Cajas de Ahorro; y vuestro bolsillo de la americana abultado por los billetes y la colección de tarjetas de crédito que atesoráis en vuestra cartera, pero que, sin embargo, sois incapaces de adelantar dinero a vuestros hijos y nietos en paro forzoso por falta de puestos de trabajo o que presentan números rojos en sus cartillas de ahorro!”.
“¡Ay de vosotros, jubilados hipócritas, los que inventáis mil subterfugios y triquiñuelas para defraudar al fisco, para eludir pagar la contribución a Hacienda y a vuestro Ayuntamiento, para evadir los arbitrios municipales, para no pagar los gastos extras de la comunidad de propietarios y, en fin, para aparecer ante los demás como pensionistas indigentes y menesterosos, carentes de recursos económicos y rayanos en la miseria!”.
“¡Ay de vosotros, jubilados hipócritas, los que mantenéis limpia y aseada vuestra vivienda, que aparecéis vestidos con finas ropas, que os laváis y adecentáis vuestros rostros con cremas, aceites y cosméticos para dar una buena imagen a los demás, mientras que vuestro interior está lleno de inmundicia, de suciedad y de maldad!”.
“¡Ay de vosotros, jubilados hipócritas, los que, en razón de vuestra mucha edad, buscáis los primeros asientos en las iglesias, en los banquetes y en toda reunión, y que la gente os salude en las calles, plazas y parque públicos, pero os olvidáis de la justicia, la solidaridad y el amor de Dios!”.
“¡Ay de vosotros, jubilados hipócritas, los que cargáis con imposiciones, prescripciones, obligaciones y reglamentos a los niños y jóvenes, pero vosotros sois incapaces de cumplirlos!”.
“¡Ay de vosotros, jubilados hipócritas, los que os consideráis dueños y señores de la experiencia y de la historia, los que ni gozáis de lo mucho bueno que tiene la vida en razón de vuestros inveterados prejuicios, ni dejáis gozar de la vida a los demás; porque ni entráis en esta dinámica de felicidad ni dejáis entrar a los demás aguándoles la fiesta!”.
“¡Ay de vosotros, jubilados hipócritas, los que vais al templo con frecuencia, rezáis con devoción al Altísimo, ayunáis en los tiempos convenidos, lleváis vuestras ofrendas al altar, hacéis sacrificios e inmolaciones, pero, sin embargo, tratáis con dureza a vuestra empleada del hogar, denigráis a vuestro portero, injuriáis a los jóvenes que deambulan por las calles por su forma de vestir, sus tatuajes o por sus adornos, insultáis al conductor del autobús municipal, descalificáis a los políticos y gobernantes por el simple hecho de serlo, desacreditáis a los funcionarios y humilláis a los emigrantes de color y a los que llamáis despreciativamente ‘sudacas’! ¡En verdad en verdad os digo que aquellas cosas es oportuno y bueno cumplirlas, pero no hay que descuidar estas otras!”.
Y volviéndose a un grupo de niños y adolescentes que miraban la escena a cierta distancia, les dijo Jesús: “Haced y guardad siempre todo lo que os digan vuestros mayores. Pero no hagáis lo que ellos hacen, porque muchos dicen pero luego no hacen; hablan cómo hay que vivir, pero después muchos de ellos no lo practican y no dejan vivir a los demás”.
Y continuó diciendo Jesús: “Porque a muchos jubilados y pensionistas les gusta que les llamen ‘maestros’ y que les halaguen sus oídos con frases como ‘vosotros sois la generación de la experiencia’ o ‘vosotros sois la generación de la sabiduría acumulada’, y que les digan ‘por favor, ¡asesoradnos!, ¡orientadnos!, ¡dadnos sabios consejos!’. Pero Yo os digo que sólo uno es vuestro Maestro, sólo uno es la Experiencia, sólo uno es la Sabiduría, vuestro Padre que está en los cielos. Y todos vosotros sois hermanos”.
Y para terminar Jesús el mensaje dirigido a las personas mayores, dijo:
“¡Ay de vosotros, jubilados hipócritas, que dais limosnas en las iglesias, a los pobres del asilo o del orfelinato, a los gitanos que piden en los vagones del Metro o en los semáforos, pero que descuidáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia, el amor y la buena fe! ¡Guías ciegos que coláis un mosquito y os tragáis un camello!”.
A partir de estas palabras, en cuanto Jesús se hubo bajado del yate y alejado un poco por la espaciosa avenida marítima de vistosas palmeras, enseguida comenzaron muchos jubilados y pensionistas a acosarlo insidiosamente, tendiéndole trampas para sorprenderle en alguna de sus palabras o acciones y tener de qué acusarle ante las autoridades competentes.
Popularity: 4% [?]