Buscamos “hombres nuevos” frente a “hombres viejos”
En mi libro “El Evangelio de las Personas Mayores” podemos leer las características que debe tener una persona mayor, un adulto mayor, un jubilado o pensionista, un anciano o viejo, para ser considerado “un hombre nuevo”. Del mismo modo, las definiciones del “hombre viejo”. Están en un capítulo titulado así:
JESUS INSTRUYE A LAS PERSONAS MAYORES
Jesús fue invitado a Galicia por las Aulas de Tercera Edad de aquella región que celebraba con diversos actos conmemorativos el XXV Aniversario de su creación y funcionamiento. Y aquel día llevaban a cabo una concentración de personas mayores en A Coruña por lo que invitaron al Señor para que les dirigiera unas breves palabras. Entre tanto había aumentado la multitud por millares y todos se apretujaban y empujaban hasta pisarse unos a otros. Entonces Jesús se subió al estrado y después de bendecirles con su mano derecha, les habló así:
“En verdad en verdad os digo, a vosotros que sois mis amigos más queridos, que el que no nace de nuevo, no puede divisar ni mucho menos alcanzar el Reino de los Cielos”.
Al oír estas palabras, la Coordinadora de las nueve Aulas de Tercera Edad que con gran éxito funcionaban en Galicia, por nombre María, trabajadora social y animadora sociocultural, levantó la mano pidiendo la palabra y expuso la siguiente objeción: “Perdona, Señor, que te interrumpa pero no entiendo lo que acabas de decir. ¿Cómo podemos nosotros, los Mayores, nacer de nuevo siendo ya de edad avanzada? ¿Acaso podemos volver al seno materno?”.
Jesús le respondió: “En verdad en verdad os digo que el que no se despoja del hombre viejo y de las adherencias del pasado, de todo aquello que se corrompe al ritmo de la ambición, del error y de la seducción de lo caduco, no verá el Reino de los Cielos. Por eso os animo a que os revistáis del hombre nuevo y a que os renovéis en el espíritu y en la inteligencia. Vestíos, pues, de la nueva condición humana, según la imagen de Dios: justicia, verdad y bondad”.
“Y vosotros, los que pertenecéis a las Aulas de Tercera Edad, debéis primero dar ejemplo de ser unos hombres y mujeres nuevos para una sociedad nueva y en cambio, y dedicar vuestros esfuerzos para lograr una sociedad de día en día más humana y humanizadora. Y éstos son los rasgos y perfiles distintivos, las características que deben definir al hombre nuevo de la Tercera Edad en esta sociedad que os ha tocado vivir. Este es el retrato-robot del hombre nuevo al que debéis aspirar:
CRITICO: Reflexiona y analiza la realidad de las personas mayores, jubilados y pensionistas, ancianos y viejos, sus problemas, sus frenos, sus resistencias, sus necesidades; pero también sus aspiraciones, ilusiones, intereses e inquietudes. Con este diagnóstico situacional sabe a qué atenerse, por qué luchar, cómo ser eficaz; sus últimos años de su existir los vive con coherencia, equilibrio y sensatez, porque está informado y al día y, por tanto, conoce la realidad que pisa y no vive desorientado
y perdido en las tinieblas de este mundo.
CONCIENCIADO: Toma conciencia de la realidad de los Mayores, de sus problemas pero sobre todo de sus posibilidades de promoción y desarrollo a nivel personal, grupal y comunitario, de sus posibilidades de cambio y de mejora de su calidad de vida.
CREATIVO: Es original e imaginativo en los planteamientos, alternativas y búsqueda de soluciones humanizadoras y transformadoras ante los problemas que aquejan a los Mayores.
CONSTRUCTIVO: Siempre con actitud positiva, participa activa, seria y responsable en todas aquellas decisiones y actuaciones que afecten a las personas de edad.
COMPROMETIDO: Con el momento histórico actual, luchando por una sociedad más humana y acogedora; frente a actitudes egoístas, derrotistas, fatalistas, pasivas, de “pasotismo senil” o de automarginación.
COMUNICATIVO: En todo momento abierto, dialogante y con capacidad de escucha activa; difusor de todo lo bueno, lo bello, lo positivo, lo agradable, lo noble, que tiene la vida; frente a los que se desenganchan de la dinámica social, se enclaustran y se aíslan del mundo que les rodea.
COMUNITARIO: Esto es, solidario siempre y cooperativo con los demás, particularmente con los más desfavorecidos social y económicamente; que sabe trabajar en equipo, en grupo, en comunión; frente a los que actúan como francotiradores o manifiestan actitudes ególatras o individualistas.
COHERENTE: Pensando y actuando en consecuencia como sujeto y protagonista del propio acontecer y del desarrollo comunitario; frente a la resignación, la pérdida de identidad y la alienación.
CONSCIENTE: Participa libre y espontáneamente, no forzado ni manipulado, sin desanimarse ante los fracasos o la lentitud de los cambios en favor de los Mayores.
CORDIAL: Sensible ante las expresiones culturales y humanas, receptivo y comprensivo ante cualquier situación donde la persona humana, especialmente la persona mayor, esté implicada.
Y todas estas cualidades o características que deben adornar al hombre nuevo mayor de edad, y que, curiosamente, como habréis podido constatar, comienzan por la letra ‘c’, se resumen y sintetizan en una palabra que comienza por la letra “C” mayúscula: la CULTURA”.
“Porque amadas y amados míos, habéis de saber que en la medida en que el hombre, integrándose en las condiciones de su contexto de vida, reflexiona sobre ellas y aporta respuestas a los desafíos que le plantean, el hombre crea cultura. Y a partir de las relaciones que establece con el mundo que le rodea, el hombre creando, recreando, participando, trabajando, decidiendo, luchando, dinamiza este mundo. Le añade algo de lo cual él es autor. Y por este hecho, crea cultura. Porque cultura es, sobre todo, el resultado de la actividad humana, del esfuerzo creador y recreador del hombre, su trabajo y esfuerzo por transformar la realidad en la que vive y por establecer relaciones dialógicas y de igualdad con otros hombres. Cultura es también la adquisición sistemática de la experiencia humana -y vosotros sois la “generación de la experiencia”-, pero una experiencia y un saber -vosotros sois la “generación de la sabiduría”- críticos y creadores, y no una yuxtaposición de informaciones almacenadas en la memoria o en la inteligencia. Una cultura que no sea escapista de la realidad ni un saber libresco ni una simple memorización, sino, por el contrario, una cultura que sea descubrimiento, apropiación y recreación de la realidad. Una cultura que sea respuesta a los problemas del hombre actual. Una cultura que signifique la salvación para los hombres y mujeres mayores, de los jubilados y los pensionistas”.
“Porque por medio de la cultura la persona humana cultiva los valores y bienes naturales y, de esta forma, puede alcanzar su verdadera y plena humanidad. Por eso os digo hoy aquí en esta Asamblea de Aulas de Tercera Edad del país gallego con motivo de su XXV Aniversario de su creación y puesta en marcha, que: ¡Sólo la Cultura salvará a la humanidad!. Escuchadme bien: ¡Sólo la Cultura salvará a los hombres y mujeres mayores, a los jubilados y a los pensionistas, a los ancianos y a los viejos!”.
Y después de una prolongada pausa, añadió Jesús con voz potente: “¡El que tenga oídos para oír, que oiga! Y vosotros los Mayores haced de portavoces y de efecto multiplicador y procurad transmitir estas cosas a los jubilados y pensionistas de todas las regiones de España, de Europa y del mundo entero, porque es preciso que las sepan porque de ellas depende su felicidad, su bienestar y su salvación”.
Llegado a este momento y cuando el Señor se disponía a descender del estrado, un octogenario del Aula de Tercera Edad de Vigo, por nombre Nicolás, se dirigió a Jesús y le dijo: “Señor, nos ha presentado una radiografía diáfana y detallada del hombre nuevo al que debemos aspirar las personas mayores; pero, como algunos de los presentes somos cortos de entendederas, quizás convendría que, de modo semejante, nos expongas la radiografía del hombre viejo y de todos aquellos aspectos y envolturas que debemos despojarnos, que debemos intentar modificar y cambiar”.
Jesús miró a aquel hombre con amor y comprensión. Y viendo que todos eran favorables a la propuesta de su compañero, decidió presentarles el retrato-robot del hombre viejo -no de edad cronológica sino de espíritu- de las personas de edad. Pero como el Señor les viese algo fatigados y con el fin de hacer más amena esta segunda parte de la charla, resolvió hablarles en clave de humor jugando con palabras que comienzan, también curiosamente, por la letra ‘i’. Así pues, les dijo:
“Estos son los baremos o parámetros que nos indican que un hombre o una mujer -tenga los años que tenga- es viejo de espíritu, de carácter o de naturaleza. Y conviene que los conozcáis bien para tratar de cambiar de conducta y de estilo de vida. El ‘hombre viejo’ es aquel que aparece o se manifiesta como:
INACTIVO: Persona mayor que permanece pasiva, inactiva, inmóvil física, cerebral, afectiva y socialmente y esto trae como consecuencia que vaya muriendo poco a poco, y antes de tiempo, por inanición.
INDIFERENTE: Es aquella persona mayor que ‘pasa’ de cuanto sucede a su alrededor, vive inerte, de forma indolente, sin interés ni curiosidad por cuanto sucede a su alrededor, insensible a los cambios, como ser inanimado, sin alma.
IMPRODUCTIVO: Jubilado del trabajo y, lo que es peor y más dañino, jubilado de la vida misma, se ve y se siente como carga social, como clase pasiva, como algo inservible, inútil para los demás y para él mismo; realmente se muestra como ser del todo infecundo.
IGNORANTE: Es aquella persona de edad que no sabe cómo frenar el envejecimiento acelerado, cómo impedir que se convierta en patológico; indocumentado, como ser indefenso ante las agresiones sociales, políticas, institucionales; iletrado e inculto por la historia y biografía personal.
INADAPTADO: Es el mayor que no acepta ni se adapta a los cambios sociales acelerados de nuestro tiempo, que se muestra inflexible en sus juicios y tomas de postura, inseguro en sí mismo, se horroriza al pensar que pueden ser infiel a la tradición.
INCONSCIENTE: Es la persona mayor que no sabe analizar sus propios problemas ni sus muchas posibilidades de promoción y de salud integral; aparece como inepto, como inválido potencial.
INDIVIDUALISTA: Es el jubilado o pensionista que sólo vive para sí; busca la solución de “sus” problemas; es insolidario con los demás, más necesitados que él mismo; se muestra inconmovible e impasible ante el dolor y la desgracia humanos.
IMPACIENTE: Es el que, creyéndose mayor y superior a los demás por veteranía y experiencia, enjuicia a todos y a todas como un inquisidor, se manifiesta como un iconoclasta de todo lo nuevo por el simple hecho de ser nuevo; se decide, por el contrario, a idolatrar lo antiguo por lo antiguo; es injusto e intransigente con todos.
ILUSO: Es el senecto que manifiesta actitudes infantiloides, aparece como un ingenuo cuando le conviene, se declara inocente de todo, pero en el fondo es, en la mayoría de las veces, un ser irresponsable.
INFELIZ: Es la persona de edad ignorado de casi todos, inoportuno en sus manifestaciones, incapaz de asimilar los cambios y la democracia, incoherente consigo mismo, inestable en sus emociones, incontrolable en sus momentos de irritación, insolvente las más de las veces, suele aparecer ante los demás como un ser injusto, incivil en ocasiones, e inclusive inhumano, cuando no inmoral y algo ido.
“¡El que tenga oídos para oír que oiga!” Y Jesús descendió pausadamente del estrado y se retiró a descansar a un lugar retirado a las afueras de A Coruña a un bosque de eucaliptos. Y como las palabras de Jesús habían sido grabadas en un cassette por el Director de las Aulas de Tercera Edad de Galicia, por nombre Rafael, hombre muy espiritual y con fama de abnegado, que amaba a Dios y vivía desde hacía una década entregado a las personas de edad avanzada, que llevaba muchos años luchando por elevar los niveles de educación y cultura de las personas mayores, se preocupó de que estas palabras sabias y de vida eterna del Señor Jesús, fueron pasadas a máquina, fotocopiadas y entregadas a todas aquellas personas de edad que participan asiduamente en las actividades socioculturales que se realizan en las Aulas de Tercera Edad. Y los Mayores guardaron y conservaron el mensaje del Señor escrito en aquellos folios como un tesoro y, desde aquel día, procuraban despojarse del hombre viejo y revestirse del hombre nuevo. Y muchos lo conseguían pero con no pequeño esfuerzo.
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junio 15th, 2009 at 5:14 am
Excelente el artículo.Espero que muchas personas jubiladas y/o pensionadas lo leyeran para poder cambiar un poco nuestro mundo y nuestro entorno.Dejar las quejas de lado y poner manos a la obra. Que el Señor Jesús nos bendiga a todos.