Aumenta el alcoholismo entre ancianos y viejos
El consumo de alcohol, según los estudiosos e investigadores, crece con el aumento de la edad. Algunos ya han bautizado este hecho como la “epidemia silenciosa”. Para muchos otros es un tema tabú. En los ambulatorios y consultorios médicos no se atreven a tocar este tema. Por supuesto, los pacientes ancianos y viejos no sacan a relucir nunca este aspecto de sus vidas.
Aunque realmente no existen estudios serios sobre este tema, los médicos locales y los médicos de cabecera lo constatan día a día. El cigarrillo y el alcohol son las dos adicciones de los mayores de 65 años de edad, de los adultos mayores, los jubilados y los pensionistas en Europa y en América.
Cuando se investigan estas dos adicciones, la población se segmenta por edades pero no se sabé bien por qué se excluye al grupo de mayores de 65 años. Los médicos antiguamente tenían la costumbre siempre de preguntar a sus pacientes sobre el consumo de alcohol como algo importante y significativo, pero en la actualidad raramente los médicos preguntan sobre esta circunstancia.
Las causas principales que originan que los mayores de 65 años se dediquen a la bebida pueden ser la pérdida de un ser querido, los problemas de interrelación y comunicación con sus familiares más cercanos, los síndromes y traumas de la jubilación al cesar la vida activa y la falta de adaptación a una vida en soledad. También la falta de objetivos y metas por las que luchar, la ausencia de compromisos sociales y laborales, y el aburrimiento de no saber en qué ocupar el tiempo libre, deslizan al viejo o anciano a beber en secreto.
Todo esto no significa que existan corrientes de opinión entre los especialistas en la salud que mantengan que el uso moderado del vino, la cerveza y el alcohol en las comidas puede mejorar el apetito, ayudar a la nutrición y reducir el riesgo de las enfermedades cardiovasculares.
De cualquier forma, es recomendable no tomar más de una bebida alcocholica después de cumplir 65 años, ya que siempre existe el peligro de que su exceso pueda provocar problemas físicos, psicológicos y cognitivos en el anciano o viejo, así como ciertos transtornos depresivos y déficit en las relaciones familiares y sociales.
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