Para las personas mayores el dinero no lo es todo
En el libro “El Evangelio de las Personas Mayores” hay un capítulo donde podemos leer cómo los adultos mayores, los jubilados y pensionistas, y las personas mayores en general utilizan sus pocos o muchos recursos económicos. Se títula:
LA PARABOLA DE LOS MILLONES
Entonces Jesús viajó a Barcelona y fue invitado a la Asamblea General de la Federación de Asociaciones de Tercera Edad de Cataluña (FATEC), donde se daban cita más de dos mil jubilados de todas las comarcas de Girona, LLeida, Tarragona y Barcelona que pertenecían a más de doscientas entidades de Mayores. También asistía a este acto multitudinario el Presidente de la Generalitat de Cataluña, por nombre Jordi, acompañado de su esposa Marta y de los Consejeros de Trabajo, Sanidad, Servicios Sociales y Cultura.
Cuando el Presidente de Honor de la FATEC, por nombre Joan Jordi, hombre servicial y emprendedor, jubilado de una conocida y emprendedora empresa textil catalana, dio el uso de la palabra a Jesús, el Señor les propuso la siguiente parábola a todos los asistentes a aquella magna reunión para que la meditasen en su corazón. Les habló así:
“Un alto ejecutivo de una importante empresa privada en expansión, que tenía que hacer un largo viaje de negocios al extranjero, decidió antes de partir vender un paquete de acciones aprovechando la coyuntura de una fuerte alza bursátil. Y el día antes de su viaje entregó a sus cuatro abuelos, los dos paternos y los dos maternos -estos últimos vivían en pisos distintos por mutuo acuerdo con separación de bienes desde hacía años-, todos ellos con pensiones no contributivas por debajo del salario mínimo interprofesional, diez mil euros, esto, es más de un millón y medio de pesetas a cada uno. A cada uno de los cuatro les entregó la misma cantidad de dinero para que se cumpliera el principio de igualdad de oportunidades refrendado en la Constitución Española. Y antes de coger el avión de Iberia en el aeropuerto de Barajas, les dijo a sus cuatro abuelos: ‘Intentad sacarle el máximo rendimiento a este dinero. A mi regreso ya me contaréis cómo os ha ido’.
Y sucedió que el abuelo paterno, teniendo presente la creciente espiral inflacionista existente en el país y el progresivo aumento del coste de la vida y, sobre todo, de los precios de los artículos de primera necesidad, se dijo: ‘Si ahora apenas me alcanza para vivir con mi esmirriada pensión, ¿qué será dentro de unos pocos años tal como va subiendo la vida? Hay que ser previsor’, pensó, y cogió los diez mil euros y lo metió a plazo fijo al 6% T.A.E. en una Libreta de Ahorros de La Caixa de Pensions. Y se quedó muy satisfecho con la determinación tomada porque le aseguraron que le iba a producir unos pingües intereses pagaderos semestralmente.
La abuela paterna, conociendo a través del periódico La Vanguardia, Radio Catalunya y la Televisión Catalana TV-3, los problemas de inseguridad ciudadana que afectaban a la sociedad actual, los frecuentes asaltos a entidades bancarias, el aumento de la delincuencia juvenil y de la drogadicción, los atracos a mano armada, los robos de los bolsos de las señoras en plena calle por el procedimiento del tirón por parte de rateros motorizados y otras lacras sociales, cogió los diez mil euros y, sin que se enterase su propio marido, lo escondió debajo del colchón de la cama de matrimonio. Y se quedó contenta y con buena conciencia de haber tomado aquella resolución.
El abuelo materno, que vivía separado, solo con su soledad a cuestas en un pequeño pero funcional apartamento, siendo consciente de que él no iba a vivir muchos años de acuerdo con el dicho popular ‘de padres longevos, hijos longevos’ –sabiendo que los suyos habían fallecido antes de cumplir los sesenta años de edad- y según los dictámenes de los médicos geriatras que solían afirmar en las conferencias del Hogar del Pensionista que ‘cada uno tiene la edad de sus arterias’ -y él ya había padecido una cardiopatía isquémica y dos conatos de infarto precordial-; tomó los diez mil euros y se los gastó en excursiones y viajes turísticos, en un crucero por el Mediterráneo, en juergas con sus amigos, en casinos y discotecas, bingos, quinielas de fútbol, loterías primitivas y bonolotos. Y se quedó tan campante con la decisión asumida.
La abuela materna, en cambio, que también vivía sola en una casa de pisos asistidos, vivía como si fuera viuda, aunque tenía marido, y llevaba una vida muy ordenada y metódica. Compraba los alimentos para el sustento diario y las prendas de vestir en los mercadillos y rastrillos donde todo estaba mucho más barato que en los grandes almacenes y autoservicios. Y como además sabía administrar su escasa pensión, no tenía gran necesidad de dinero porque tampoco era una mujer ambiciosa. Y habiendo escuchado a las siete de la mañana, pues padecía de frecuentes insomnios, en un programa de Radio Nacional de España llamado ‘El Club de la Vida’, el decano y más conocido de los programas radiados dirigidos a los Mayores junto al programa ‘El brocal de los Decanos’ de Onda Cero que muchos ancianos carecían de pensión –ya sea porque en su día no habían cotizado a la Seguridad Social, o bien porque las empresas no habían entregado las retenciones a su debido tiempo, o porque la guerra civil les había sorprendido en el bando republicano y habían pasado largos años en la cárcel o por otros motivos desconocidos- y que muchas personas de edad padecían extrema necesidad, tomó la resolución de coger los diez mil euros y entregárselo como donativo a las monjas Hijas de la Caridad para colaborar con la Obra de Ayuda al Anciano. Y en el fondo de su corazón sintió una alegría profunda e intransferible por haber tomado aquella determinación.
Y resultó que al cabo de cinco años, regresó su nieto de su largo viaje de negocios por diferentes países del extranjero. Y en cuanto hubo descansado, mandó llamar a sus cuatro abuelos y se reunió con ellos. Y les preguntó sin rodeos: ‘Quiero saber qué habéis hecho con los diez mil euros que os entregué a cada uno en vísperas de mi partida’. Y uno a uno dieron cuenta y razón de lo que habían hecho.
El abuelo paterno contó con detalle cómo había metido el dinero en una Libreta de Ahorros y cómo aquellos diez mil euros se habían convertido con los intereses devengados en once mil trescientos euros.
Y el nieto y alto ejecutivo le contestó: ‘¿Crees que has actuado sensatamente? Esta misma noche puede Dios pedirte tu alma y la de tu esposa. ¿Y para quién será todo lo que has ahorrado? Así sucederá al que atesora para sí y no es rico a los ojos de Dios. Guardaos bien de toda avaricia y ambición, que aunque uno crea que está nadando en la abundancia, no tiene asegurada su vida. Porque la auténtica vida de un hombre no depende de sus muchas riquezas ni de sus numerosos bienes muebles e inmuebles’.
La abuela paterna narró a continuación cómo había escondido los diez mil euros debajo del colchón por miedo a que los ladrones se lo pudiesen robar en cualquier momento.
Y el alto ejecutivo le respondió: ‘Mujer, ¿no comprendes que de nada te sirve tener ese dinero intocable año tras año debajo del colchón? No es bueno atesorar allí donde la polilla y el orín corroen y donde los ladrones pueden socavar y robar. Atesorad más bien en el cielo, lograd una fortuna ante los ojos de Dios, así evitaréis los peligros de polillas y orín que carcomen, así como los riesgos de ladrones que os la pueden quitar. Porque donde está tu tesoro, allí está también tu corazón. Nadie puede servir a dos señores, porque u odia a uno y ama al otro, o se pone de parte del primero y desdeña al segundo. ¡No se puede servir al mismo tiempo a Dios y al dinero!’.
El abuelo materno explicó cuando le llegó su turno cómo, ante lo efímero de la existencia de un anciano, había decidido gastarse los diez mil euros y sacarle el máximo jugo gozando de la vida mientras pudiera.
Y el alto ejecutivo le dijo: ‘¿No sabes, hombre ignorante y estulto, que si bien es verdad que la muerte es cierta para todo hombre, puesto que todo hombre es mortal por naturaleza, la hora es incierta? ¿Y que nadie por muchos años que tenga puede afirmar que no va a vivir un año más, o tres años más, o, quién sabe, diez años más o veinte años más? ¿De qué vas a vivir en adelante si todo te lo gastaste o dilapidaste? Aprende más bien del hombre prudente que construyó su casa sobre una roca y cuando cayó la lluvia, vinieron los torrentes y soplaron los vientos, pero la casa no se cayó, porque estaba cimentada sobre la roca. Del mismo modo, vuestra vida en la jubilación debe estar cimentada sobre la roca que es Dios. Y así no temeréis los embates de la vida durante los últimos años de la existencia’.
Y, finalmente, la abuela materna relató a todos cómo había entregado los diez mil euros a una obra de beneficencia y servicios sociales en favor de los ancianos más desamparados y desvalidos, porque había caído en la cuenta que, aunque ella percibía una pensión que no llegaba a los cuatrocientos euros mensuales, esto es, unas sesenta y seis mil pesetas al mes, existían muchas personas de edad avanzada con mucha mayor necesidad.
Y el alto ejecutivo manifestó: ‘En verdad en verdad os digo que esta mujer tiene mérito. Porque mucha gente da limosnas a los pobres del dinero que les sobra para bien vivir. Pero esta abuela que me consta recibe una módica pensión que apenas le alcanza para comer y subsistir, ha dado diez mil euros, más de un millón y medio de pesetas, esto es, todo cuanto tenía, con lo que hubiera podido comprarse una buena estufa eléctrica o un buen radiador para no pasar frío en el invierno, una moderna nevera para mantener los alimentos frescos en el congelador o una lavadora eléctrica para así no tener que lavar con sus manos artríticas, una cama nueva pues la suya tiene el somier hundido por el paso de los años o un cómodo sillón de orejas y tantas otras comodidades. Pero ha preferido darlo todo para las personas ancianas más necesitadas. Por eso yo te digo, abuela, que como has sido fiel en lo poco, recibirás mucho. Y tu bondad se convertirá en gozo eterno’.
Y aquí termina la parábola. ¡El que tenga oídos para oír que oiga!”.
Entonces Jesús añadió como mensaje final a todos los asistentes: “Por eso os digo con total sinceridad: No os angustiéis por vuestra vida, qué vais a comer; ni por vuestro cuerpo, qué vais a vestir. ¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo. No siembran ni siegan, ni recogen en graneros, y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿Acaso no sois vosotros mucho más que los pájaros? No os paséis, pues, los días pensando llenos de preocupación ¿qué comeremos, qué beberemos o si tendremos suficiente para vestirnos y calzarnos? Así se afanan los hombres y mujeres que no conocen a Dios. Ya vuestro Padre de los cielos sabe que vosotros necesitáis todo eso y mucho más. ¡Estad preocupados ante todo por el Reino de Dios y por la justicia, todo lo demás os lo dará Dios por añadidura!”.
Y cuando Jesús se hubo retirado, los jubilados de las comarcas catalanas siguieron debatiendo los puntos del Orden del Día de la Asamblea General de la FATEC, pero en su interior rumiaban las palabras del Señor, tratando de asimilarlas, introyectarlas y hacerlas suyas para sacar algún provecho.
Y Jesús se fue a orar a la iglesia de la Sagrada Familia y rogó al Padre por todos los hombres y mujeres mayores para que no vivieran siempre preocupados sino siempre ocupados, activos, dinámicos y útiles a sus familias y a la sociedad.
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