Encomiable labor de los Voluntarios Culturales Mayores
En mi libro “El Evangelio de las Personas Mayores” podemos leer el siguiente capítulo:
JESUS VISITA UN MUSEO Y PROMUEVE EL VOLUNTARIADO CULTURAL
Poco tiempo después, Jesús de vuelta a la capital de España, se dirigió en un autobús de la empresa municipal de transportes de Madrid hacia la Ciudad Universitaria. Y llegando al distrito de Moncloa caminó junto a jóvenes estudiantes hacia el Museo de América pues le habían informado que contenía valiosas colecciones histórico-artísticas de la América precolombina, de la América colonial y de etnografía americana. Además tenía fama de ser un Museo moderno, acorde con los tiempos actuales, abierto a toda la sociedad, un Museo para todas las edades, para todos los colectivos poblacionales, no elitista, no clasista, que funcionaba como empresa cultural con cultura de empresa, y que proyectaba sus contenidos y finalidades a través de la exposición permanente, a través de las sucesivas exposiciones temporales y a través de las múltiples y diversificadas actividades culturales que allí se planificaban, programaban y desarrollaban.
Cerca ya de las puertas del Museo, Jesús observó media docena de autocares repletos de bulliciosos escolares junto con sus profesores que venían a visitar las riquezas culturales que allí se encontraban. Y el Señor contempló gratamente sorprendido que una personas mayores, hombres y mujeres, en su mayor parte jubilados, que mostraban en la solapa de su traje o en el bolsillo de su blusa una tarjeta acreditativa de color anaranjado donde podía leerse con facilidad ‘Voluntario Cultural’. Estas personas mayores acogían a los niños y jóvenes escolares, les invitaban a entrar, les organizaban en pequeños grupos y, posteriormente, les acompañaban y guiaban por todas las salas del Museo y con sus sabias, sencillas y acertadas palabras les explicaban amorosamente cuanto allí había expuesto.
Y Jesús quedó encantado con la labor de esos Voluntarios Culturales Mayores y deseando conocer más a fondo tan valioso programa, cómo había nacido y cómo funcionaba, hizo llamar a su presencia a la coordinadora del equipo de Voluntarios, por nombre Elvira, mujer buena y sensible, abogada, que también realizaba labores de voluntariado social en la Federación Española de Mujeres Juristas asesorando gratuita y desinteresadamente a las mujeres maltratadas, abandonadas o separadas y a todas aquellas que padecían problemas de diversa índole. Y Elvira le contó al Señor como este ambicioso proyecto había nacido al calor de la Unión Europea en el año 1993 con motivo de haber sido declarado “Año Europeo de las Personas Mayores y de la Solidaridad entre las Generaciones”, que inicialmente fue apoyado por la Fundación Caja de Madrid y desde hacía cinco años lo subvencionaba económicamente el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte a través de la Dirección General de Cooperación y Comunicación Cultural. Que este proyecto había sido concebido, creado e impulsado por el Secretario General de la Confederación Española de Aulas de Tercera Edad, por nombre José Luis, filósofo, animador sociocultural y escritor, que a la sazón desempeñaba el cargo de Jefe del Departamento de Educación y Acción Cultural en el Museo de América, que llevaba una vida muy activa y dispersa, dedicado a actividades tan dispares como las relacionadas con la gerontología, la museología y la literatura infantil.
Elvira, le siguió relatando al Señor, como este programa de Voluntariado Cultural de Mayores se había ya extendido por más de un centenar de Museos de España, e incluso por algunas Catedrales. Y cómo, sólo en Madrid, en los últimos cinco años más de un millón de escolares y unos trescientos mil adultos y jubilados habían conocido y disfrutado con las riquezas culturales que se encierran en veinte importantes Museos de la capital de España gracias a las sabias enseñanzas impartidas por estos abnegados y altruistas Voluntarios Mayores. Y Elvira narró satisfecha cómo había sido reconocida su labor por medio de múltiples cartas de felicitación de las más altas instancias del Estado –SS. MM. los Reyes de España en sendas ocasiones, Presidentes del Gobierno, Ministros, Directores Generales de Bellas Artes, Directores de Museos, entre otros- y cómo les habían entregados dos galardones de mucho prestigio: el “Premio Nacional Extraordinario del IMSERSO” en 1998 y el “Premio Nacional JUBILO” en el año 2000.
Y Jesús en persona contempló conmovido la siguiente escena. Un Voluntario Cultural Mayor, por nombre Pablo, veterinario jubilado que en los últimos meses venía padeciendo algunos trastornos cardiovasculares, hombre culto y muy buen profesional, acababa de terminar algo fatigado la visita guiada al Museo de América a un grupo de estudiantes de un conocido colegio de Sevilla. La Directora del Colegio agradecida a su encomiable labor, se le acercó, abrió su bolso y le dijo:
“Señor, ¿cuánto le debo por su servicio?”.
“Señora, no me debe nada –respondió Pablo amablemente- yo soy Voluntario Cultural y mi trabajo lo desempeño de forma altruista y desinteresada, ‘ad honorem’, que decían los latinos, y, si prefiere, ‘gratis et amore’ “.
“Bueno –insistió la Directora- permítame que, al menos, le entregue una pequeña propina, porque tanto los profesores como los alumnos hemos quedado encantados con sus didácticas enseñanzas”.
“Se lo agradezco, señora, pero no aceptamos propinas. Este es un Voluntariado Cultural puro y duro, y los cincuenta y cinco Voluntarios que trabajamos en este Museo así lo hemos decidido democráticamente”, respondió Pablo.
“Bueno, vale, de acuerdo, pero acépteme que como Directora del Colegio le invite a un café, a una gaseosa, a una cerveza, lo que usted quiera beber, en la cafetería del Museo”, insistía la señora.
“Lo siento, señora, pero tampoco aceptamos los Voluntarios pagos en especie. De todas formas le agradezco su amable invitación”, dijo Pablo.
Y la Directora del Colegio sevillano que deseaba por todos los medios agradecer y demostrar a ese Voluntario Cultural Mayor su estima y reconocimiento a su magnífica labor, le dijo con dulzura:
“Entonces, por favor, déjeme que al menos le dé un par de besos en sincero agradecimiento”. A lo que el Voluntario respondió: “¡Eso sí acepto!”. Y la Directora le estampo un beso en cada mejilla al estilo español.
Y Jesús se reunión con todos los Voluntarios Culturales Mayores en el salón de actos del Museo de América, se subió al escenario y les habló con dulzura pero como quien tiene autoridad:
“Amigos míos, benditos seáis por vuestra desinteresada dedicación a difundir las riquezas culturales, histórico-artísticas y científicas de este Museo de América a los niños y jóvenes estudiantes en un encuentro intergeneracional y a aquellos colectivos sociales tradicionalmente marginados del goce y disfrute de los bienes culturales como son las mujeres amas de casa, los jubilados y pensionistas, los minusválidos físicos y psíquicos, los sordos, los ciegos, los emigrantes, los refugiados, los presos en libertad condicional y las minorías étnicas”.
“Yo os digo que vosotros con nuestro compromiso voluntario, con vuestra dedicación, con vuestros esfuerzos, con vuestra entrega a todos los grupos de visitantes que se acercan a conocer este Museo estáis realizando una gran labor social, una preciosa tarea cultural, pero en verdad en verdad os digo que los mayores beneficiarios sois vosotros mismos. Porque al seguir activos, dinámicos, participativos, útiles a la sociedad, solidarios, rodeados de niños y jóvenes, integrados socialmente, con las neuronas estimuladas y con una gran ilusión de hacer felices a los que se acercan a recibir vuestras enseñanzas de calidad, casi sin daros cuenta, estáis evitando caer en las cuatro tentaciones de inmovilismo físico, mental, afectivo y social que aceleran el envejecimiento personal y lo convierten en acelerado y patológico con sus secuelas negativas, sus traumas y sus síndromes. Por el contrario, estáis viviendo vuestra jubilación de la mejor forma posible, vuestro envejecimiento es normal, pausado, armónico, equilibrado, sois felices y hacéis felices a los que os rodean”.
“Por eso, os felicito y os animo a seguir adelante. Porque estáis logrando que los Museos se abran más a la sociedad, que evolucionen, que cambien sus métodos y estrategias para atraer nuevos públicos, no contentos con el público real buscan atraer el público potencial, y estudian nuevas fórmulas de fidelización del visitante que se convierte en el ‘cliente’, más aún, en el amigo del Museo. De esta forma estáis coadyuvando a que el Museo deje de ser el ‘Templo de las Musas’, el santuario o lugar sagrado para unos pocos privilegiados adoradores del arte. Vosotros, savia nueva y generosa, estáis logrando que el Museo deje de ser el ‘Almacén’ o el ‘Cementerio’ donde reposan los objetos y obras de arte lejos de la mirada de los hombres. Os recuerdo que todavía en algunos países iberoamericanos se habla de ‘repositorios’ para referirse a los Museos. Personas como vosotros, amados míos, estáis consiguiendo que el Museo supere la idea de institución anclada en el pasado, que el Museo deje de ser el Museo-Hospital que cura, resana y restaura las obras de arte que conserva celosamente entre sus paredes. Gracias a vosotros, voluntarios mayores, los profesionales clásicos y típicos de los Museos, el ‘Conservador’, el ‘Curador’, ¡qué nefastas denominaciones de origen!, dejan paso a especialistas en programación y gestión cultural, a expertos en marketing cultural, a profesionales en difusión y promoción cultural, en medios de comunicación y en animación sociocultural”.
“Desde este estrado felicito a aquellas personas que tuvieron la genial idea de poner en marcha este bendito programa de Voluntariado Cultural de Mayores para enseñar los Museos de España. Porque con él se responde a una doble necesidad: por un lado se aprovecha el potencial humano que representan las personas mayores, en su mayor parte jubilados y pensionistas, auténticas ‘bibliotecas ambulantes’, con mejores niveles educativos y culturales de día en día, con mejor salud y bienestar, como mucho tiempo libre disponible, que desean transmitir sus conocimientos, experiencias y vivencias a las generaciones jóvenes. Por otro lado, se da respuesta a una necesidad que padecen la mayoría de los Museos españoles que no cuentan con personal para transmitir y enseñar las riquezas culturales que encierran entre sus salas y vitrinas, prestando un eficaz y eficiente ayuda a los Museos que no disponen de este servicio”.
Y Jesús concluyó sus palabras diciendo:
“¡Amigos míos, continuad con esta digna, hermosa y atractiva tarea! ¡Que el cansancio, la rutina o la desmotivación no aniden en vuestros espíritus! ¡Seguir dando ejemplo de disponibilidad, servicialidad, compromiso y solidaridad con los más desfavorecidos social y culturalmente, que mi Padre Dios os lo tendrá en cuenta aquí y en la otra vida!”.
Y el Señor bajo del escenario y abrazo uno a uno a todos los Voluntarios Culturales. Y los Mayores sintieron que el Espíritu y el Amor habían invadido sus corazones.
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