Para algunos actores envejecer es fácil y positivo
«Mis ochenta años deben ser un error de calendario». «No llevo móvil, porque si me llaman las chatinas, luego la llamada se graba y tengo problemas en casa». Arturo Fernández en estado puro: solemne, entrañable, de risa fácil y mucha elegancia. Ayer conferenció en la 28 Asamblea de Personas Mayores sobre las diferencias entre ser mayor y ser viejo. Acabó posando con su traje ante el jolgorio de los presentes. 80 años le contemplan, «debe ser un error de calendario».
-¿Cuántos años le suelen echar?
-La gente es benévola. Por simpatía, me dicen incluso barbaridades: que no demuestro 50, cosa que agradezco muchísimo… y es posible que tengan razón.
-No aparenta 80, desde luego.
-Es viejo quien quiere ser viejo. Yo no me siento viejo, y sí conozco a gente joven que en realidad, es vieja. La vida ha sido generosa conmigo, y yo con ella. La clave es seguir teniendo proyectos, metas, ilusiones. El día que deje de ser así, se habrá instalado la vejez.
-¿Sigue habiendo respeto a las personas ‘mayores’?
-No, las cosas han cambiado, creo que a peor. Mi generación fue la mejor: ninguna otra ha querido más a sus padres y a sus mayores.
-Actores como usted, Aleixandre… gente ‘mayor’ pero con una vitalidad envidiable. ¿Es la profesión?
-Bueno, mi amigo Aleixandre está ya más cascado (risas). Sí, hay algo especial en ser actor. Además, mis personajes no tienen ochenta años, así que me aferro a ellos.
-También dicen que la risa es buena terapia anti-envejecimiento.
-Mi madre decía que hay que reírse dos horas al día. Los de mi generación nos hemos reído muchísimo, y hemos cantado por las calle. Pero cuando ves a alguien hacerlo hoy, cambias de acera.
-Hizo la mili en Logroño.
-Sí. Fueron años maravillosos. Me presenté con un traje azul marino, heredado de mi padre, y pensaron que era el nuevo alférez. Todos se me cuadraban. Recuerdo El Espolón y a una pastelera que conquisté y me conquistó.
-¿El ‘chatín’ es coletilla propia o una marca comercial?
-En ‘La casa de los líos’ saqué frases olvidadas en mi niñez. Una era ésa, y sorprendió mucho. Ahora, puedo ir a la aldea más escondida y alguno se asoma siempre por la ventana y dice: ¡Coño, ‘chatín’!
-La televisión da la fama, pero sin el teatro uno no es actor de verdad.
-No existe la profesión de actor si no has hecho teatro. Un actor de teatro coge esa base que tiene para el cine o la tele, mientras un actor de televisión es muy difícil que suba a un escenario porque sí. La profesión es actor de teatro.
-¿No pone en duda esto cuando la tele le da una fama global?
-Siempre pensé que, con más de 60 películas y tantas obras de teatro, era muy conocido. Pero al hacer ‘La casa de los líos’, me di cuenta de que no era así. No es apropiado empezar en la tele para darte a conocer, te utilizan un poco como kleenex. Hoy todo el mundo conoce a El Duque, pero igual no se atreve a subir a un escenario. Es mucha responsabilidad.
[Fuente: elcorreodigital.com]
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