Jubilados del trabajo pero no de la vida
Trabajar el esparto, una actividad creativa que da vida a los mayores
o Realizar una actividad creativa y gratificante es vital para que los mayores se sientan útiles y activos, y la mejor medicina para combatir la depresión.
o Daniel Iñesta y Ramón Esteve, dos mayores de una residencia de Moixent (Valencia) son un ejemplo de cómo afrontar la vejez de una manera positiva.
Valencia, septiembre 2009 – Saber envejecer también muestra la actitud ante la vida. Aprovechar el tiempo libre en realizar actividades gratificantes ayuda a sentirse vivo y útil, y supone una de las mejores medicinas para combatir la apatía, la tristeza o la depresión. Daniel Iñesta y Ramón Esteve son un ejemplo. Ambos viven en una residencia y superan lo 80 años, pero cada día trabajan el esparto, algo que han hecho por necesidad a lo largo de su vida y que hoy se ha convertido en un hobby que les ayuda a mantenerse activos.
“Esta actividad los mantiene ocupados y les ayuda a sentirse útiles, al tiempo que potencian su autoestima y su creatividad”, subraya la psicóloga de la residencia La Milagrosa de Moixent (Valencia), miembro de Lares Comunidad Valenciana. De hecho, su inquietud, y la apuesta de esta residencia por potenciar toda actividad creativa en sus residentes, llevaron a montar un espacio específico dentro del centro para que puedan desarrollar esta actividad. Así pues, los dos residentes realizan todo el proceso. Recogen, secan, pican y guardan el esparto, y después lo trabajan dándole forma, y creando todo tipo de objetos: cestas, saries, capazos, espardenyas,… muchas veces, en respuesta de la demanda de la gente o de los trabajadores del centro.
El esparto es una planta herbácea de la familia de las gramíneas de hojas largas y finas, y con espigas en forma de penacho. Hasta bien entrado el siglo XX esta planta tenía una enorme utilidad, empleándose en la fabricación de utensilios de labranza, trilla, labores del hogar, aperos para animales, etc. Actualmente ha perdido mucho terreno, pero todavía hay personas, sobre todo, mayores, que mantienen esta tradición artesana milenaria, al tiempo que ella le ayuda a mantenerse vivos a ellos.
A sus 88 años, Ramón Esteve lo tiene claro: “no me gusta estar parado, estoy mejor haciendo faena y esta es una afición que he trabajado desde que era niño”. Ramón recuerda que con 10 años, cuando llovía y no podía ir a trabajar al campo, en casa hacía con esparto las cuerdas para los animales, las primeras piezas que aprendió a hacer junto a su madre. Hasta ahora, nunca ha dejado de trabajarlo porque reconoce “me da vida”.
Daniel Iñesta no sólo ha sido su hobby sino también su trabajo durante muchos años. Nació en Moixent en 1924, y a los nueve años ya se hizo sus primeras alpargatas. “No teníamos dinero para comprar zapatos y otros objetos y los hacíamos en casa con esparto. Yo aprendí de mis padres”. Forma parte del grupo de pioneros que montaron la cooperativa de mimbre de la zona, dónde trabajó durante más de tres décadas. “Son muchos años, trabajar el esparto me hace sentir bien”. Hoy su pasión, son las alpargatas en miniatura.
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