Independencia sinónimo de calidad de vida y clave en la tercera edad

A lo largo de toda nuestra vida, permanecemos obsesionados por encontrar la forma de mantenernos jóvenes y activos. Sin embargo, existe un hecho del que es imposible abstraerse, la evolución no se puede frenar, nada permanece, todos se renuevan y cambia.

Llegar a mayores, es uno de los procesos más complejos a los que nos enfrentamos los seres humanos. Y, mientras esto sucede, los científicos se afanan en encontrar nuevas fórmulas que mejores o retarden el deterioro físico,  los profesionales de la salud mental elaboran nuevos métodos para mantener el cerebro activo y evitar la degeneración celular,  los servicios sociales elaboran planes de actividades que permitan mejorar la calidad de vida en nuestros mayores y,  las políticas  incluyen entre sus planes dotaciones para ayudar, minimizar la soledad y apoyar a nuestros mayores. Sin embargo y, a pesar del esfuerzo realizado por todos, la vejez es un proceso imparable.

Las teorías sobre por qué se produce son muchas, variadas, comprobadas y válidas y el resultado final es que hay que aceptarlo; todos llegaremos a mayores, todos viviremos cambios globales que afectarán a nuestro aspecto físico, a los órganos internos a la motricidad, la memoria, la movilidad, etc. provocando una merma en uno de los pilares  fundamentales de la vida; la independencia.

Con el paso del tiempo y el deterioro global de la máquina que conocemos como cuerpo, nos volvemos más dependientes y esa situación reduce considerablemente nuestra calidad de vida.

 Mantenerse activo es una de las claves para vivir una tercera edad saludable, la actividad física reduce considerablemente los efectos el envejecimiento, se previenen enfermedades y permite mantener la independencia que sin duda alguna aporta libertad lo que incrementa las ganas de vivir.

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