El Nacimiento de Jesús en la España de hoy

Leemos en “El Evangelio de las Personas Mayores” una versión original y creativa, aplicada a la realidad de las personas mayores en la España de hoy, sobre el

NACIMIENTO DE JESUS

Por aquellos días salió publicado en el Boletín Oficial del Estado un Decreto-Ley, emanado de Presidencia de Gobierno, por el que se obligaba a todos los ciudadanos españoles a sacar un nuevo e infalsificable DNI -Documento Nacional de Identidad- en un plazo de veinte días hábiles a partir de la fecha de su publicación.

El referido Decreto hacía constar que cada uno debía inscribirse y obtener este documento personal e intransferible en las Oficinas de la Comisaría de la Policía Nacional de su ciudad natal. Con esta drástica medida el gobierno intentaba elaborar un padrón con datos fidedignos acerca del número de habitantes españoles, pues, por una parte, desconfiaba de los datos informatizados que proporcionaba el Instituto Nacional de Estadística (INE) y, por otra, quería saber a ciencia cierta el número de parados existentes en el país, esto es, sin trabajo ni contrato laboral alguno, pues las cifras de los desempleados que aportaba el Instituto Nacional de Empleo (INEM) no tenían en cuenta a los que trabajaban en la llamada economía sumergida.

Así pues, José, que era gallego, se dirigió en autocar desde Salamanca, donde trabajaba como autónomo en un pequeño taller de carpintería y marquetería, a Santiago de Compostela a fin de cumplir con la ley como todo buen ciudadano y tramitar su nuevo Documento Nacional de Identidad. Y viajó acompañado de su mujer, María, que estaba encinta y próxima a salir de cuentas.

Y resultó, que llegando a Santiago de Compostela no encontraron para ellos habitación doble en ningún hotel, hostal ni residencia porque era temporada alta y además se daba la circunstancia de que todo el país celebraba un “puente”, por lo que la llegada masiva de domingueros, excursionistas y turistas a la placentera región gallega y a sus afamadas rías, había colapsado todos los establecimientos hoteleros disponibles en la región.

Y como llovía con frecuencia y a ciertas horas de la noche se sentía frío y humedad, José y María tuvieron que refugiarse en un aparcamiento subterráneo que estaba abierto al público las veinticuatro horas del día y de la noche. Y mientras estaban allí descansando, se cumplió el tiempo del parto. Y María dio a luz a su hijo. Lo envolvió en pañales desechables, que José previa y precavidamente había comprado en las rebajas de unos grandes almacenes, y lo recostó en el asiento trasero de un despintado coche conocido popularmente como “el 600″ que, por varias docenas de multas impagadas a la Dirección Provincial de Tráfico y por no pasar la preceptiva Inspección Técnica de Vehículos (ITV), su dueño lo había dejado abandonado en aquel aparcamiento para evitarse los gastos de la grúa municipal.

Y le pusieron por nombre Jesús, porque El iba a salvar a todos los hombres de sus pecados y, particularmente, iba a liberar a todas las personas mayores, pertenecientes al colectivo social de la llamada Tercera Edad, de todas sus ataduras, servidumbres, calamidades y sufrimientos.

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que Dios había anunciado por medio del profeta Isaías: “He aquí que la Virgen concebirá en su vientre un hijo y traerá al mundo un niño y le pondrá por nombre Enmanuel, que significa Dios-con-nosotros”.

Y en ese preciso instante, tres Presidentes de Organizaciones Nacionales de Jubilados y Pensionistas tuvieron por la noche en sueños, simultáneamente, un mismo presentimiento: que algo grandioso había sucedido para el bien de los Mayores. Y los tres se levantaron de la cama al instante y se pusieron en camino hacia aquel aparcamiento subterráneo de Santiago de Compostela viajando en diferentes medios de transporte. Y, desde el principio, se sintieron atraídos como por un extraño y potente imán por la sonrisa y bondad de aquel Niño.

Y llegando a aquel aparcamiento de Santiago de Compostela experimentaron una enorme y contagiosa alegría. Encontraron al Niño con María, su madre. Y postrándose de rodillas, le adoraron profundamente. Después cada uno le ofreció como regalo en nombre de todas personas mayores de España, esto es, de todos aquellos que sobrepasaban los sesenta años de edad, colectivo poblacional que a la sazón sobrepasaba los ocho millones de habitantes, lo mejor y más hermoso que cada uno supo encontrar.

La primera en llegar fue Oilda, a la sazón Presidenta de la UDP, Unión Democrática de Pensionistas y Jubilados de España, organización nacida en 1977 recién implantada la democracia en España, que agrupaba a cerca de un millón de personas mayores, que viajó en tren aprovechando el descuento de la Tarjeta Dorada de la Renfe. Y le entregó a Jesús un cofre que contenía todas las peticiones y reivindicaciones que desde hacía muchos años venía la UDP reclamando y exigiendo en vano a las autoridades competentes de los diferentes gobiernos de turno en favor de la Tercera Edad: unas pensiones dignas periódicamente actualizadas según el coste de la vida, una atención sanitaria y asistencial eficiente y eficaz, unas viviendas en condiciones para una vida digna, una ciudad sin contaminación ni barreras arquitectónicas, Clubes de Jubilados y Hogares de Pensionistas en todos los barrios urbanos y pueblos, más Residencias de Ancianos para cubrir la gran demanda de plazas existente, el mejor y más autónomo funcionamiento del Consejo Estatal de Mayores sin tutelas gubernativas ni al albur de vaivenes políticos como órgano de representación y participación de las Organizaciones de Mayores y, en síntesis, el cumplimiento y reglamentación del artículo 50º de la Constitución Española. Y la Presidenta de la UDP rogó a Jesús que les ayudase y les diese fuerzas e ilusión para seguir en la brecha para conseguir todos estos derechos en beneficio de las personas de edad.

La segunda en llegar fue la Presidenta de la Federación de Asociaciones de Viudas Hispania, por nombre Mercedes, agrupación que contaba en la actualidad con más de cuatrocientas mil afiliadas, según quedaba puntualmente reflejado en el Libro de Socias de la entidad, que viajó desde Madrid en autocar de línea. Y después de adorar a Jesús, le ofreció como obsequio un cofre rebosante de vivencias, experiencias, ilusiones, preocupaciones, inquietudes, aspiraciones, necesidades y anhelos, acumulados a lo largo de las vidas de las personas mayores, de los ancianos y, especialmente de las viudas. Y pidió a Jesús que los hiciera suyos y los satisficiera.

El tercero y último en llegar fue Miguel que viajó en coche propio. Se daba la circunstancia de que Miguel había sido elegido por unanimidad en la última Asamblea General celebrada en la Casa Regional de Soria de Madrid como Presidente de la Confederación Española de Aulas de Tercera Edad (CEATE), entidad de ámbito estatal y sin ánimo de lucro como las demás, pero que se diferenciaba del resto de las Asociaciones de Jubilados y Pensionistas porque enfocaba a la llamada Tercera Edad más como posibilidad que como problema, esto es, más como posibilidad de promoción personal, grupal y comunitaria de los mayores a través de su participación en actividades socioculturales, que como conjunto de problemas, aun sabiendo que son muchos los que todavía padece este colectivo social. Y ofreció a Jesús como regalo un cofre con los mejores trabajos artísticos y artesanales realizados por las personas de edad avanzada con sus propias manos en las diferentes Aulas de Tercera Edad de España: un espejo de estaño repujado, una canastilla de flores de miga de pan, un macetero de macramé, una colcha tejida con encaje de bolillos, un cuadro hecho con pétalos de flores prensadas, un botijo de cerámica, una cajita esmaltada, un cuadro en tercera dimensión, una cuna de mimbre para el Niño, una maqueta de la Plaza Mayor de Santiago de Compostela realizada pacientemente con los palitos de los helados “polos” y con palillos de dientes y muchas otras manualidades por el estilo. Y suplicó a Jesús que les ayudase a seguir luchando por elevar los niveles educativos y culturales de las personas mayores con el fin de mejorar su imagen y realidad ante la sociedad y, de este modo, poder seguir siendo personas útiles a sus familias y a sus propias comunidades.

Y el Consejo de Ministros, convocado por vía de urgencia por el Presidente del Gobierno, fue puesto al corriente de lo sucedido. Y tras debatir ampliamente el tema, estimando que si aquel Niño era Hijo de Dios y todopoderoso, como decía la gente sencilla, y que si concedía todas aquellas peticiones y reivindicaciones solicitadas por aquellos tres importantes representantes de las Organizaciones de Mayores, podía desestabilizarse la próspera economía de la nación, decidió por unanimidad tomar cartas en el asunto.

Y encargaron al Ministro de Sanidad que, con el mayor secreto y con el apoyo logístico de cuantos efectivos del Ministerio del Interior fuesen necesarios, ordenase a todos los directores funcionarios de los Hospitales de la Seguridad Social, de las Clínicas Geriátricas y de las Residencias de Ancianos, que aplicasen la eutanasia -pasiva, en algunos casos, y activa si fuera preciso, en otros-, esto es, una muerte lenta, suave y sin sufrimiento alguno, a todos los mayores de setenta y cinco años que desde hacía cinco años ocupasen camas de modo permanente y terminal en estos establecimientos sanitarios.

Con esta insólita medida el Gobierno, presionado por la Unión Europea (UE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI), pretendía también paliar, en alguna manera, las consecuencias negativas en la Balanza de Pagos de una futura subida de las pensiones en vísperas de elecciones generales y, al mismo tiempo, solucionar la falta de camas y habitaciones libres en Clínicas, Hospitales y Residencias cada vez más saturados de personas longevas.

Y aquella noche murieron varios millares de jubilados y pensionistas inocentes en las diferentes Comunidades Autónomas del Estado Español. Y los hijos y nietos lloraron apenados su desaparición. Y se cumplió así lo anunciado por medio del profeta Jeremías: “Se oían gritos, fuertes gemidos y lamento grande. Lloraban por sus padres y abuelos, y no querían ser consolados, porque ya los habían perdido para siempre.

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