Los balnearios y los tratamientos termales una bendición para las personas mayores

En el libro “El Evangelio de las Personas mayores” podemos leer y comprobár cuánto bien hace, desde el punto de vista de la salud integral, el bienestar y la calidad de vida, a las personas de edad, jubilados, ancianos y viejos, los tratamientos termales, la balneoterapia, el beber agua de manantiales y bañarse en aguas minero-medicinales. ¡Una bendición de Dios para todos pero sobre todo para los adultos mayores!

JESUS CURA A UN ENFERMO Y PROMUEVE EL TERMALISMO

Después Jesús comenzó a recorrer las comarcas de Cataluña y en todos los pueblos y ciudades reunía a las personas mayores y les hablaba de la Buena Noticia de la salvación, de cómo comportarse en esta importante etapa de la vida para vivirla con salud, felicidad y equilibrio. Y subió a la provincia de Gerona y en Caldes de Malavella llegó a las puertas de un famoso balneario, situado entre frondosos parques, con aguas termales minero-medicinales de gran acción terapéutica. Era conocido mundialmente por el Vichy Catalán.

Y cerca del balneario Jesús se encontró a una persona anciana, enferma desde hacía treinta y ocho años, que padecía agudos dolores a causa del reuma, la ciática y la artrosis de la columna. Hacía ya tiempo que los médicos reumatólogos le habían diagnosticado un pinzamiento discal entre la quinta vértebra lumbar y el sacro, espondolistesis y espina bífida. Este hombre observaba entre admiración y envidia cómo entraba al balneario un chorro de personas con las más diversas enfermedades y dolencias, y tras unas semanas de baños termales, duchas masaje, saunas de vapor, inhalaciones, baños de burbujas, aerosoles, fangos de parafina, gimnasia de recuperación y otros tratamientos adecuados, salían por la misma puerta que habían entrado, unos aliviados de sus dolencias, otros completamente curados, otros rehabilitados y prácticamente todos con renovada ilusión de vivir.

Jesús al verle postrado, le preguntó: “¿Y tú por qué no entras como los demás? ¿Qué haces aquí sentado año tras año? ¿Es que no quieres curarte? Con rehabilitación apropiada y baños termales podrías aliviar tus molestias”. Y el enfermo replicó: “Señor, claro que deseo curarme o, al menos, intentarlo. Lo que me sucede es que además de mis dolores y mis achaques, tengo dos problemas adicionales. En primer lugar no tengo a nadie, pues soy viudo y sin hijos, que me coja, me acompañe y me ayude a hacer los trámites y las gestiones necesarias ante el IMSERSO para ingresar en un balneario como éste, pues no he tenido en mi juventud posibilidades de estudiar y ahora soy analfabeto. Y en segundo lugar, mi pensión de jubilado es muy reducida, apenas me alcanza para vivir y sospecho que no podría pagar la estancia y los tratamientos termales necesarios”.

Entonces Jesús, conmovido en su corazón, le preguntó: “¿Y tú qué piensas de esta situación? Y el anciano enfermo respondió: “Que así es la vida. Que tengo que tener paciencia y resignación. Porque como dice el dicho popular: ‘Viejo y pobre, dos veces viejo’; y dos veces pobre, añadiría yo”.

Jesús, con sencillez y ternura, le dice: “Abuelo, levántate, camina y vete tranquilo a casa”. Y al punto aquel hombre de edad muy avanzada quedó curado de todos sus males. Se levantó del suelo y se puso a andar y no sintió dolor alguno. Y se fue a su casa alabando a Dios. Y era domingo.

Algunas autoridades de la Delegación Territorial de Sanidad al enterarse de la curación, fueron directamente a Jesús y le pidieron que les mostrase su título de médico profesional. Y al comprobar que no lo tenía, le acusaron del delito de intrusismo laboral y de competencia desleal y le conminaron para que en adelante se abstuviese de curar a los enfermos. Pero Jesús les dijo:

“En verdad en verdad os digo que el Hijo del Hombre no puede hacer nada por sí solo, solamente hace lo que ve hacer al Padre. Y lo que el Padre hace, lo hace igualmente el Hijo. Pues el Padre ama al Hijo y le enseña todo lo que hace. Sí, inclusive le enseñará cosas mayores, hasta tal punto que os quedaréis maravillados. Pues como el Padre resucita a los muertos y los vuelve a la vida, así el Hijo volverá a la vida a los que El quiera. Porque quien oye mi palabra y cree en el que me ha enviado, posee la vida eterna. Pues yo no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. Y la voluntad de mi Padre es que salve a todos y a cada uno de los hombres, es que dé vida a las personas de edad avanzada. Porque Yo soy la Resurrección y la Vida”.

Mientras tanto muchos hombres y mujeres de edad avanzada se habían ido acercando a Jesús y se quedaban embelesados con sus palabras. Y exclamaban: “Este es en verdad el profeta que había de venir al mundo”. Pero algunos jubilados que se las daban de sabihondos, desconfiaban de Jesús y comentaban en voz baja: “¿Cómo sabe éste de letras sin haber estudiado?”. Y Jesús leyendo sus corazones les contestó:

“Esta doctrina no es mía, sino del que me ha enviado. No juzguéis por las apariencias y superficialmente. Juzgad con rectitud. Vosotros decís que me conocéis y sabéis de dónde soy; pero no he venido por propia cuenta, sino que me envió el único verdadero. Vosotros no le conocéis, pero Yo le conozco, porque procedo de El y El es quien me ha enviado a vosotros”.

Al oír estas palabras algunas autoridades civiles, políticas, militares y religiosas quisieron prenderlo y meterle en el calabozo por blasfemo y por alterar el orden público, pues llamaba a Dios su propio Padre y se hacía igual a Dios. Pero nadie se atrevió a poner en El sus manos, porque su hora no había llegado todavía.

Entonces Jesús, sabiendo que aquellas comarcas catalanas eran ricas en manantiales de aguas termales y que diversos balnearios habían modernizado sus instalaciones -entre otros, los conocidos balnearios de Blancafort, Broquetas, Caldes de Bohí, Prats, Termas Orión y Termas Victoria -y que el termalismo y la balneoterapia han sido siempre muy convenientes para las personas mayores que se encuentran en un proceso de envejecimiento, dijo a los jubilados que le seguían:

“Amigos míos, todos los que tengáis oportunidad, aprovechad la ocasión y marchad unos días a algún balneario, porque sus aguas minero-medicinales y radioactivas son sedantes del sistema nervioso, regularizadoras de la circulación sanguínea, aceleradoras de la nutrición y reparadoras de los tejidos. Y todo ello ayuda a mejorar el bienestar personal y la calidad de vida. Porque habéis de saber que con los baños termales y con la sudación que se produce, se eliminan las toxinas, se eleva el cuerpo a una cierta temperatura y se purifica la sangre. Además dentro del agua se facilitan los movimientos, se flexibilizan las articulaciones, se fortalecen los músculos y todo el cuerpo adquiere una agilidad que con el paso de los años se ha ido perdiendo. Todo ello proporciona a la persona mayor no sólo una nueva imagen, sino una nueva y renovada realidad”.

Y Jesús, sabiendo lo beneficiosos que resultan los tratamientos termales para las personas mayores y que muchas de estas personas son reacias a recibirlos por prejuicios o falta de información adecuada, añadió: “Los balnearios ayudan a conseguir un mayor bienestar general, uno se siente tonificado, fortalecido, como un nuevo ser. Uno se reencuentra a sí mismo. Se siente mejor preparado para resistir los achaques de la propia vejez; y cuando cae enfermo, la recuperación es más rápida. Los baños siempre son relajantes, tonificantes. Y cuando son termales no sólo se alivian las molestias y las dolencias, sino que se evitan recaídas y, sobre todo, se previenen los transtornos y deterioros propios de un envejecimiento patológico”.

Y diciendo estas palabras de alto contenido salutífero, Jesús se despidió de la multitud y se dirigió a la sede de la ANET, esto es, a la Asociación Nacional de Estaciones Termales, donde en aquel momento se encontraba reunidos los dueños, propietarios y empresarios de las más importantes estaciones termales de España celebrando su Asamblea General anual, y les dijo:

“Las personas de la llamada Tercera Edad, como todo ciudadano, tienen derecho a elegir libremente la región y la estación termal que les parezca más conveniente a la hora de efectuar una cura, de acuerdo con el diagnóstico del mal que les aqueja y con su propia economía personal o familiar. Vosotros, mejor que nadie, conocéis que los tratamientos termales son de gran ayuda en los procesos postoperatorios, en los casos de estrés, tensiones nerviosas y angustias que suelen acompañar a las enfermedades crónicas y a causa de los dolores que se derivan. Os ruego que hagáis el mayor esfuerzo posible por aquilatar los precios, para que los tratamientos no sean gravosos a estas personas jubiladas que carecen de recursos en la mayoría de los casos. Si así lo hacéis, llevaréis la alegría y la salud a muchos hogares y mi Padre, que está en los cielos, os lo premiará en esta vida y en la otra”.

Y Jesús se retiró al campo y mientras contemplaba los lirios del campo y las golondrinas volando en bandadas, se acordaba de su Padre Dios y lo amaba en silencio. Y pasó varias horas en oración. Y cuando se hacía de noche regresó a la ciudad para descansar. Y muchos jubilados le estaban aguardando, sin querer irse a dormir, porque las palabras de Jesús les hacían mucho bien y no se cansaban de escucharlas. Y Jesús al verlos, los amó en su corazón.

Y al día siguiente, queriendo Jesús dar ejemplo del mensaje transmitido el día anterior a las personas mayores que le seguían, se dirigió al pueblo de Jaraba, del partido judicial de Calatayud en la provincia de Zaragoza, y se hospedó en el confortable Balneario Sicilia, invitado por su dueño, José María, hombre bueno, generoso y fiel, que siempre ofrecía buenos precios a los grupos de jubilados que se acercaban a beneficiarse con sus ricas aguas minero-medicinales. Allí durante dos semanas el Señor siguió un tratamiento a base de nebulizaciones, baños termales y terapias hidropínicas, ingiriendo agua mineromedicinal bajo control médico, a fin de intentar curar una laringitis aguda y una molesta ronquera que sufría como consecuencia de forzar demasiado la voz al dirigir sus mensajes a la multitud a viva voz y sin apoyo de megafonía apropiada. Y pronto sintió la acción benéfica de sus aguas termales y una notable mejoría en la emisión de voz. Cuando abandonó aquel establecimiento termal, a donde acudían miles de jubilados de toda la región aragonesa y de otras Comunidades Autónomas españolas, Jesús salió tonificado, relajado y dispuesto a seguir proclamando sus palabras de salvación a todos los Mayores.

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