La vejez y el retiro en Ecuador no son bien recibidos

El primer caso ocurre en las empresas cuando la persona está cerca de su momento de retiro y prefiere llegar a un acuerdo, lo cual se da solamente en puestos muy altos. Ocurre, además, en los casos en los que la política de la organización permite que el RH se quede más allá de la edad jubilatoria oficial y, habiendo transpuesto ese umbral, la persona prefiere retirarse. No olvidemos en los casos de personas que trabajan por su cuenta, esto ocurre en profesionales que no quieren seguir con la tarea habitual. Como se observa, las personas pierden su trabajo por otras causas. El despido a edades más jóvenes que las jubilatorias produce consecuencias similares aunque agravadas. A edades disímiles, ocurre que la mujer es la que se convierte en abastecedora y el marido deja su trabajo, por razones de familia, por transferencia a otra ciudad o país o por alguna otra causa. El mundo nos provee en la, actualidad, de nuevas formas en todos los aspectos de la vida. Las causas de retiro no escapan a esa ley general, por lo cual seguramente existen o existirán casos de retiro. Frente a la cuestión del retiro nos encontramos con algunas de las siguientes reacciones: el miedo al cambio, aunque parezca positivo produce temor, tanto más cuanto se trata en este tema de un cambio esencial en la vida; la pérdida de status, aunque esto venga envuelto con todas las explicaciones y sonrisas del proceso, la pérdida del status social implica y acarrea la pérdida de la autoestima; igualmente la pérdida de identidad, como una cadena en esta continuidad, el cambio ha significado una pérdida del propio ser, ha significado una pérdida del status social y a esto se ha agregado una pérdida del sentido del propio valor: la identidad queda tocada; la temida y desvalorizada vejez ha llegado y a esto el ser humano de la sociedad actual se resiste; el temor a la pobreza, las jubilaciones son exiguas en relación al ingreso anterior y, además, se deterioran en una proporción mayor, a lo largo de los años no importa el monto, quien se retira teme razonablemente que sus ingresos se harán nominales, hundiéndolo en la incertidumbre de la dependencia de otros o de nadie; el anuncio de la vejez anuncia la muerte de una manera disimulada y vaga, pero real. La muerte de un hombre de 30 años es generalmente lamentada dada su juventud, la de un hombre de setenta “era esperable”. Todas estas son razones más que suficientes para que las personas se resistan al retiro. Además, hay una infinita cantidad de razones personales. Entre ellas podemos mencionar las siguientes: el tema del género, tradicionalmente las mujeres no han tenido dificultades al momento de retirarse, no tanto porque no ocuparan puestos jerárquicos ni fueran profesionales o propietarias, cuanto porque su interés estaba puesto en otras cosas. El trabajo de las mujeres tradicionales de nuestras épocas ha estado habitualmente en los hijos, la familia y la casa, les ha importado eventualmente la vida social y han acompañado quizás al marido en el desarrollo de las relaciones necesarias para la profesión de él. Nada de esto tiene un retiro determinado. Esto, sin embargo, ha tendido a modificarse. Más mujeres son profesionales o propietarias, más mujeres escalan posiciones en las organizaciones y más mujeres están poco o nada relacionadas con las cuestiones de los hijos, la familia o la casa, porque no la tienen o porque la dejan en manos de terceros, incluido a veces el marido. Para estas mujeres rigen los mismos problemas que hemos señalado anteriormente y aquí el tema del género se desvanece, ya que la mujer que hace de su profesión toda su vida o parte muy importante de ella está en la misma situación que el hombre que hemos descrito anteriormente.

[Fuente: cronica.com.ec]

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