En los Centros de Día la participación de las personas mayores es de vital importancia

En el libro “El Evangelio de las Personas Mayores” podemos leer el siguiente capítulo:

JESUS HABLA DE LA PARTICIPACION EN UN HOGAR DE PESIONISTAS

Aquel día Jesús partió desde Ibiza en dirección a Málaga en un vuelo charter de tarifas reducidas de la empresa Air Europa. Y transbordó, tras permanecer las tres horas de retraso en la sala de embarque, a un avión bimotor de hélice de la Compañía Binter que le trasladó a la ciudad de Melilla al norte de Africa. Una mescolanza de razas y culturas se advertía en sus bulliciosas calles pues españoles, marroquíes, hindúes, musulmanes, sefardíes, hebreos y subsaharianos vivían pacíficamente en sus reducidas dimensiones. El Señor dio una vuelta por el paseo marítimo, después visitó el Palacio Municipal en la Plaza de España y, finalmente, se dirigió al Hogar del Pensionista que el IMSERSO había transferido hacía unos años a la ciudad de Melilla que gozaba de un estatuto jurídico especial que le equiparaba, al igual que sucedía con la ciudad de Ceuta, con las diecisiete Comunidades Autónomas del Estado español.

Entró Jesús al Centro de Día, y como en tantas otras visitas a Clubes de Jubilados y Centros de Tercera Edad, se encontró un panorama desolador: pensionistas jugando incansablemente a las cartas al tute o la brisca a cinco duros la partida de forma incansable; viejos arrumbados en butacas y sofás; viudas enlutadas con el velo negro sobre sus cabezas contándose sus penas; ancianos adormilados y roncando recostados sobre las mesas; en fin, un ambiente enrarecido donde se mascaba un tedio existencial, un aburrimiento esclerotizante, un cansancio de vivir y una anorexia vital. Y Jesús se entristeció porque eran como ovejas que no tienen pastor y estaban descarriadas y en grave peligro de perecer acosadas por los traumas y síndromes del envejecimiento patológico, esto es, de un envejecimiento acelerado, anómalo y desequilibrado.

Entonces, Jesús reponiéndose preguntó: “¿Por ventura este Hogar no tiene Junta de Gobierno? ¿Dónde están sus miembros? ¿Dónde se encuentran el Presidente, el Vicepresidente, el Secretario y el Tesorero de esta Junta Directiva? Me gustaría tener una reunión con ellos”. Y casi la totalidad de los socios se encontraba en el Centro, unos jugando a la brisca, otros al dominó, otros a las damas, otros al parchís, otros al bingo y otros se entretenían en el bar con sus cafés, sus ‘chupitos’, sus ‘carajillos’ y sus ‘cañas’. Y Jesús se reunió con todos ellos en la biblioteca del Centro que estaba bien equipada de libros y revistas pero, el Señor, comprobó entristecido que, curiosamente, todas las estanterías se encontraban bajo llave, llave que nadie nunca reclamaba. Y les preguntó a bocajarro: “¿Por qué en este Centro no se realizan actividades creativas, sociales, de convivencia, culturales, formativas, deportivas, al aire libre, de manualidades y de dinámica ocupacional? ¿Por qué sólo se juega a las cartas y a juegos sedentarios como si esto fuera un casino barato? ¿Acaso no sabéis que el sedentarismo y la inactividad causa destrozos irreparables en las personas de edad?. Que la inactividad, la pasividad, el descanso mal entendido, el apoltronamiento y el vegetar aceleran el envejecimiento, lo convierten en patológico y acortan la vida humana. Lo que está hoy en día completamente demostrado y verificado por investigaciones longitudinales realizadas en Estados Unidos, en Alemania, en Japón, en Inglaterra, en Canadá y, recientemente, también en España a través de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

Habéis de saber, amados míos, que científicos y afamados geriatras y gerontólogos españoles, expertos en el estudio del proceso de envejecimiento personal, de reconocido prestigio a nivel nacional e internacional, como los doctores Jesús, Alberto, Francisco José, Juan Manuel, Isidoro, Francisco y otros confirman y llegan a esta conclusión, a este mensaje que hoy aquí de forma sencilla pero clara os estoy transmitiendo para bien de todos los socios y de sus cónyuges.

Tomando entonces la palabra el Presidente de la Junta de Gobierno salió al paso de las preguntas de Jesús y dijo: “Señor, tienes toda la razón. Pero aquí hemos intentado en múltiples ocasiones organizar diversas actividades y hemos fracasado. Porque con estos socios no se puede hacer nada. No quieren participar en nada, sólo desean jugar a la baraja y a juegos sedentarios. Los socios son pasivos, abúlicos, indiferentes a todo lo que se les propone, cansados de la vida sólo quieren estar sentados, apoltronados, vegetar, padecen de anorexia vital, sufren de la enfermedad conocida por los gerontólogos como ‘micropsia’ -que traducido significa ‘pequeña vida’ la que llevan muchas personas mayores, jubilados y pensionistas- y sólo aspiran a que nadie les moleste. Otros tienen miedo al ridículo, al que dirán y a la crítica de los demás. Con estos socios no se va a ninguna parte, son socios pasivos, negativos, con ellos es como chocar con una pared, no se puede hacer nada, sólo fracasar y morir en el intento”.

Y el Secretario de la Junta de Gobierno, queriendo apoyar las ideas expresadas por su Presidente, añadió: “Es verdad lo que dice el compañero. Nosotros nos matamos a trabajar a favor de los socios y ellos no agradecen ni colaboran en nada. Es que son muy incultos, de mentalidad estrecha, de edad avanzada y muchos son analfabetos. Tiene miedo a actuar, por dejadez y falta de interés. Son comodones, egoístas, apáticos, indiferentes, escépticos, ignorantes y les encanta ser y representar a la oposición a la Junta de Gobierno. Así, Señor, comprenderás que no hay nada que hacer con esta panda de viejos chochos, seniles e inservibles”.

Y el Señor, con cierto aire de seriedad, les contestó: “Mirad, ya decían los sabios antiguos que ‘contra facta no valent argumenta’, lo que traducido al castellano significa que ‘contra los hechos no valen argumentos’. En verdad en verdad os digo que esta situación se repite en casi todos los Clubes de Jubilados, Hogares de Pensionistas y Residencias de Ancianos -en terminología del antiguo INSERSO- de casi todos los pueblos y ciudades de España. Pero, os tengo que decir, sin embargo, que también existen Clubes de Jubilados y Hogares de Pensionistas tanto del IMSERSO, como municipales, provinciales, autonómicos, parroquiales, públicos y privados, que con pocos recursos materiales, humanos y económicos, con bajos niveles educativos y culturales de sus socios, organizan y desarrollan un sin fin de actividades de todo tipo y son modélicos. ¿No habéis nunca reflexionado en grupo y nunca habéis caído en la cuenta que quizás la culpa no es de los socios, ni de los jubilados y pensionistas que se acercan a vuestros Centros, sino de la Junta de Gobierno o de la Junta Directiva que no sabe hacer las cosas bien y como conviene?”.

“Porque yo os digo que muchos socios no participan porque no se enteran, porque fallan los canales de información y comunicación de la Junta de Gobierno a los socios y de éstos a los miembros de la Junta; porque no sois capaces de ofrecer a los jubilados actividades diversas atractivas y con gancho; porque las actividades que en ocasiones habéis planificado, no responden a sus intereses, a sus preferencias ni a sus inquietudes y motivaciones; porque quizás en el Centro falla la convivencia, no hay acogida y la gente no se siente a gusto; porque las instalaciones son pequeñas, inhóspitas, incómodas y están masificadas y así es difícil realizar ciertas actividades”.

“Porque conviene que seáis autocríticos con vosotros mismos y analicéis vuestro modo de proceder. Porque a veces no hacéis bien las cosas. Porque yo os digo que existen otros Centros similares a éste que desarrollan variadas actividades, hay un ambiente de fiesta, de dinamismo y de participación. Pero existen Juntas de Gobierno en algunos centros que aparecen distantes, algunas son dictatoriales, otras paternalistas, otras anárquicas y, afortunadamente, también hay algunas que funcionan democráticamente; existen Juntas de Gobierno que dan todo resuelto a los socios como si fueran niños; otras Juntas no piden nunca opinión a los socios y, por tanto, no llegan a conocer sus motivaciones, sus gustos y sus preferencias; y otras Juntas tiene miedo a innovar, a romper con lo que siempre se ha hecho -jugar a las cartas y a juegos sedentarios día tras día- y son inmovilistas”.

Y entonces, un vocal que estaba medio marginado dentro de la Junta de Gobierno, se atrevió a preguntar: “Señor, ¿y qué podemos hacer? Enséñanos Tú que todo lo sabes”. Y Jesús respondió: “Para participar hay que saber, hay que querer y hay que poder. En primer lugar hay que saber, esto es, hay que saber trabajar en equipo, saber respetar a los demás como iguales, saber actuar democráticamente, saber cómo informarse e informar a los demás, conocer qué objetivos perseguimos, con qué recursos contamos, etc. Y por lo tanto, para saber hay que aprender y, por supuesto, hay que enseñar al que no sabe”.

“Pero no basta con saber, hay que querer también. Hay que querer entre otras cosas trabajar por los demás, estar dispuesto a colaborar para mejorar el Centro, querer meter el hombro cuando hace falta aunque nadie te lo agradezca, querer dedicar tiempo libre y esfuerzos personales, querer trabajar en equipo buscando eficacia y eficiencia. Y esto no se improvisa. Por lo tanto, hay que concienciarse uno mismo y hay que motivar a los demás para despertarles el interés y para que todos y cada quieran esforzarse para mejorar el Centro y el bienestar de los socios y compañeros”.

“Pero de nada vale saber y querer si no hay posibilidades de actuar y participar. Esto es, hay también que poder. Y para eso deben existir canales de participación; deben habilitarse leyes y reglamentos que la faciliten; deben ofrecerse oportunidades, medios y recursos necesarios; deben realizarse invitaciones amistosas a participar; se deben aceptar sugerencias, iniciativas y alternativas de los socios. Y todo esto presupone que hay que buscar recursos y que hay que usar de una metodología apropiada a las personas de edad avanzada porque no son niños y tienen su propia idiosincrasia y su propio modo de ser”.

Y Jesús aconsejó a los miembros de la Junta de Gobierno que se reciclaran, que asistieran a cursos, seminarios y jornadas de formación, como los que organizan y desarrollan periódicamente la Confederación Española de Aulas de Tercera Edad (CEATE) desde hace veinte años, que cuenta con medio centenar de técnicos profesionales especializados en la formación, promoción y motivación de los Mayores, el IMSERSO, la Cruz Roja Española, Cáritas Española a través de su Escuela de Animación Sociocultural, muchos Ayuntamientos y, de modo particular, el INGESS, esto es, el Instituto Nacional de Gerontología y Servicios Sociales, dirigido por Gonzalo y María, profesionales expertos en formación permanente de adultos de edad avanzada, en terminología de la UNESCO, que, como muchos otros, se han capacitado en diversas universidades españolas y en la Escuela Superior de Formación de Adultos (ESEFA) de la Universidad Pontificia de Salamanca. Y el Señor les animó a inscribirse y a participar en alguno de los Cursos que realizan en toda España entidades sin ánimo de lucro, especializadas en Animación Sociocultural y en Desarrollo Comunitario, que cuentan con profesionales y técnicos especializados en la promoción personal y grupal de los Mayores. Y el Señor puso como ejemplo y recomendó, además de las citadas anteriormente, a la Asociación para la Formación Social (AFS), a Desarrollo Institucional, a Promoción y Desarrollo (PRODES), a la Fundación Centro de Estudios, Orientación y Promoción Sociocultural (CEOPS), al Sector Gerontológico Coordinado (SAGECO), a la Universidad Popular de la Edad Adulta (UPDEA), a las distintas Escuelas de Formación de Animadores Socioculturales, a la Federación Española de Universidades Populares (FEUP) y a otras conocidas entidades y organismos no gubernamentales.

A través de estos Cursos, de las discusiones en pequeños grupos, de las puestas en común, del intercambio de ideas y experiencias y, sobre todo, del asesoramiento y aportaciones de los técnicos, se aprenden métodos de animación social y cultural, se practican técnicas de motivación y comunicación, se ofrecen nuevos campos y frentes de acción para una jubilación activa y creativa, y, por encima de todo, se enseña cómo dinamizar los Centros de Día de Jubilados y Pensionistas. Y todo esto, insistía reiterativamente el Señor, era fundamental porque de ello dependía la salud integral -física, mental y social- de las personas mayores, el bienestar personal de ancianos y viejos y, particularmente, la calidad de vida de aquellos miles de socios que en toda España se acercan entre curiosos y expectantes a éste y a otros muchos Hogares de Pensionistas de la Seguridad Social, de las Cajas de Ahorro, de Ayuntamientos, de Diputaciones Provinciales, de Comunidades Autónomas o de Parroquias.

Entonces Jesús se despidió de todos los socios pensionistas y antes de embarcarse al avión de regreso a Madrid, vía Málaga, hizo una breve visita al Aula de Tercera Edad de Melilla donde las personas mayores desarrollan un programa intenso de actividades sociales, culturales, recreativas, de convivencia y educativas con el apoyo de un equipo cualificado de educadores de adultos, animadores socioculturales, psicólogos, trabajadores sociales y otros eficientes profesionales. Y Jesús quedó profundamente satisfecho porque allí la gente participaba activa y creativamente. Y es que en ese Centro Cultural Municipal las personas mayores querían, sabían y, además, podían.

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