Luchemos por unas ciudades amigables y acogedoras para todas las personas mayores

1. Las ciudades actuales están hechas principalmente a la medida de los varones, trabajadores y adultos. Son ellos quienes han tomado las decisiones sobre cómo ha de ser la ciudad y lo han hecho en función de sus necesidades e intereses. Sin n pensar si era lo mejor para todos. Esto nos explica, en buena parte, el dominio que el coche ha ido tomando en las ciudades sobre todo durante la segunda mitad del siglo XX. Muchas decisiones urbanas se tomaron a favor de los automovilistas: hacer las calles más anchas, quitar bulevares, estrechar las aceras, eliminar árboles, hacer autovías entre ciudades próximas, disminuir el ferrocarril, eliminar tranvías, trolebuses, etc. Lo importante era llegar rápido a los lugares con el vehículo propio.
Este tipo de ciudades se han convertido en hostiles para las personas más débiles: niños, personas mayores, minusválidas, o con movilidad reducida, etc. Hasta hace no demasiado años no se han comenzado a rebajar los bordillos de las aceras frente a los pasos de peatones, hace aún menos que se han comenzado a realizar aceras que cruzan la calle, si hay un coche mal aparcado que impide la circulación y otro que dificulta el paso a los peatones, normalmente la grúa retiraba primero el que dificultaba la circulación

2. La ciudad actual ha sido hasta hace muy poco un gran negocio del que todo el mundo quería aprovecharse. Era y es frecuente que las personas intenten tener más de una vivienda en la misma ciudad, en el campo o en la costa. Esta voluntad ha ido generando una ampliación mayor de las zonas construidas y una disminución de las tierras y campos utilizables para otras actividades. El crecimiento de las ciudades, en muchos países, es muy superior al de su población. En Madrid ciudad la población no creció entre 1981 y el año 2000, no obstante, su extensión territorial ocupada prácticamente se ha duplicado. En los últimos 25 años del siglo pasado la población de Nueva York aumentó un 5% y su superficie creció un 61% . En las dos últimas décadas del pasado siglo la superficie edificada en Europa ha aumentado un 20% y la población sólo lo ha hecho en un 6% . ¿Cómo puede ser así una ciudad sostenible?
A algunas ciudades cabría aplicarlas un texto de un poema del siglo XVI recogido por L. Munford “Esta es una ciudad de nombre pero no de hecho. Es un puñado de hombres que van en pos del lucro. Funcionarios y ciudadanos que van tras las ganancias. Y en cuanto a los bienes de la comunidad nadie se preocupa. Puedo llamarla un infierno sin orden donde cada uno mira para sí y nadie para todos”.

3. Cada parte de la ciudad se ha ido especializando, perdiendo con ello la riqueza de la diversidad y la multifuncionalidad. La Carta de Atenas de 1942, redactada por Le Corbusier, aboga por la ciudad funcional. Aquella en la que cada espacio se especializa, el lugar para trabajar es distinto al de vivir, al de divertirse, al de comprar, etc. Las actividades habituales realizadas por las persona se separan y, con ello, se pierde riqueza, variedad y comunicación. Además, como cada función está separada, hay que usar el coche particular para llegar hasta ellas y, si es posible, a través de vías rápidas . La ciudad tradicional integrada y “revuelta” (aquella en la que en el barrio o en un entorno próximo se pueden satisfacer casi todas las necesidades) desaparece.

4. La ciudad ha perdido la mayor parte de su vida ciudadana, hay menos relación fuera de casa, en el espacio público. La calle se ha vuelto peligrosa, aunque sigue siendo un lugar atractivo y estimulante sobre todo para los niños y sigue siendo un lugar de relación imprescindible para los mayores. La calle se ha convertido en un lugar de paso, en un lugar para los coches, no en un lugar de encuentro tan relevante como antes. Esto se produce a la vez que hay más personas mayores viviendo en las ciudades y con menos cosas que hacer.

5. En las periferias urbanas se cuida poco la estética, y todos los habitantes de la ciudad tenemos derecho a la belleza, no solo quienes viven en el centro o al lado de los edificios históricos. Además, en muchos caso se ha dado más importancia al edifico espectáculo que puede atraer visitantes que al que cumple bien la función para la que está pensado.

6. Las ciudades que participan de los rasgos anteriores son cada vez más insostenibles, por el espacio que ocupa y por los recursos que consume, a pesar del discurso medioambientalistas y verde que tiñe mucho de los discursos políticos y empresariales. El consumo de recursos y la huella ecológica aumenta más de lo debido a pesar de las Agendas 21 que han sido suscritas por muchas ciudades siguiendo las recomendaciones de la Carta de Aalborg de 1994.

La ciudad que necesitamos.

1. Necesitamos una ciudad que sea capaz de tener presentes a todos los ciudadanos, una ciudad inclusiva que acoja y tenga muy presentes a los más débiles: niños, ancianos, minusválidos, personas con movilidad reducida, etc. Una ciudad ponga en primer lugar a la ciudadanía En este caso no tiene más remedio que organizar el espacio y los servicios pensando en todos, no solo en los más fuertes. Si los administradores de la ciudad lo que busca es la comodidad de quienes son más productivos económicamente , pueden seguir haciendo una política que favorezca al automóvil privado, que segregue unos barrios de otros, que ofrezca ventajas para los que más tienen, para los que son más fuertes y para quienes viven en determinados barrios.

2. Necesitamos una ciudad que favorezca la diversidad. Una ciudad multicolor en palabras del arquitecto Gerardo Estévez . Que sea igual para los que llegan que para los que están. Esto es más importante en las épocas de más afluencia de inmigrantes con costumbres sociales distintas y con un uso de la ciudad diferente.
Además de favorecer la diversidad debe erradicar la exclusión y la explotación que no es solamente laboral, también la de la vivienda. En el centro de las ciudades podemos encontrarnos con infraviviendas casi siempre ocupadas por gente de fuera.

3. Una ciudad que dé prioridad a las personas que caminan sobre las que conducen, o al menos que establezca cierta paridad entre ambos. Que estudie con el mismo interés la movilidad de los automóviles que la de los ciclistas y peatones. ¿Es muy difícil en una ciudad establecer calles en las que tengan prioridad los coches y en otras que tengan prioridad los peatones? Es verdad que hay algunas calles peatonales pero suelen corresponder a la parte central de la ciudad. ¿Por qué esto no es posible en algunas zonas de los diferentes barrios? ¿Sería mucho pedir que por cada dos plazas ocupadas por coches aparcados hubiese una para que los pequeños jugases y los mayores pudiesen estar o pasear?

4. Una ciudad encontradiza, no sólo que permita que las personas puedan encontrarse y pararse en las calles o plazas, sino que lo favorezca ampliando los espacios para que esto sea posible (equipamientos socioculturales o deportivos) que dé lugar a relaciones entre las personas a diferentes escalas y con diferente intensidad.
La nueva convivencia debe apoyarse en la diversidad, en las tensiones que genera la diversidad, en la complejidad y no en la masa homogénea, o en la raza única. No es conveniente distinguir entre los de aquí y los de fuera, porque hay muchos que ahora somos de aquí y antes hemos sido de fuera, o podemos serlo. La riqueza de las ciudades está en las enormes posibilidades de relación y de intercambio que se pueden establecer.

5. Una ciudad más común, más pública, donde todos podamos tener transporte, agua, enseñanza, cuidado sanitario, limpieza, aceras, luz, etc. Una ciudad que garantice unos mínimos para todos los ciudadanos, porque el fracaso o el éxito, de la ciudad, es para todos sus habitantes. Un arquitecto brasileño comparaba la ciudad con un gran avión que realiza viajes transoceánicos, el objetivo compartido por todos los pasajeros es llegar al lugar al que viajamos. En el avión existen diferentes pasajes con precios muy diferentes, pero el éxito o el fracaso del vuelo no distingue entre las clases, si el avión se estrella afecta a todos, no distingue entre los que han pagado más o menos, por eso todos tienen el mismo interés: llegar al final, en caso contrario todos perderían. Algo similar sucede en las ciudades, si hay zonas depauperadas, sucias, peligrosas, sin los servicios necesarios, repercutirán en la inseguridad y en el miedo del conjunto de la ciudad.

[Fuente: Fidel Revilla, Presidente de la UMER]

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